Arcadio Suárez

Aquel primer día

Entrar en una redacción histórica como la de CANARIAS7 por primera vez supone, para un joven periodista, una experiencia de difícil descripción y de una abismal emoción

José Luis Reina
JOSÉ LUIS REINA Las Palmas de Gran Canaria

En día de abril del año 2017 recibí una llamada que no olvidaré nunca. Me llamaban desde CANARIAS7 porque habían recibido mi interés en poder formar parte de su plantilla, la cual ya admiraba sin conocerla pues era un asiduo lector de su pionera y referente edición digital.

Me fascinaba el periodismo, el ritmo trepidante de una redacción que en tantos libros había imaginado y en tantas películas había disfrutado. Siempre supe que tenía que vivir esa experiencia, pues creo que no hay nada más emocionante y satisfactorio que poder ser el portavoz de la realidad, del día a día de nuestros barrios y calles, del análisis de actualidad, de poder, al fin y al cabo, ser partícipe en esas historias dándole forma para que pueda llegar al mayor número de personas posible.

Retomando aquella llamada, me citaron en la sede de CANARIAS7 una mañana de ese mismo mes. Era el momento de ponernos cara, de hablar de la trayectoria de un servidor, de la ilusión que sentía y de las ganas, por supuesto, que tenía de ponerme a trabajar.

En ese encuentro el director de este periódico, Francisco Suárez Álamo, me explicó el funcionamiento de esta histórica cabecera, de lo que él quería de un joven redactor y de lo que yo podía aportar a este proyecto. Recuerdo que me dijo que la actualidad estaba en la calle, y que tendría que estar preparado para estar donde estuviera la noticia, la historia, el acontecimiento.

Yo, que por aquel entonces tenía unos 26 años, no veía la hora de conocer las entrañas de la redacción, no sin cierto nerviosismo pero con las ganas de un jugador que sabe que puede debutar en el primer equipo, con los grandes.

En ese momento, CANARIAS7 vivía una nueva transformación digital, por lo que entraba en una nave que actualizaba su sistema operativo con el objetivo de seguir liderando y siendo referente en la información en web. Con ese panorama de cambios e ilusión de la plantilla entré por primera vez en la histórica redacción de CANARIAS7.

Todo lo leído, visto o imaginado se hacía realidad y empezaba a formar parte de un ecosistema sin igual, con un ritmo trepidante y con vida propia. La redacción de un periódico es maravillosamente caótica, viva e incluso adictiva.

«Aquí está la sección de Deportes, que siempre andan en mil frentes, allí Economía y Política, por allí Cultura, la otra isla es la de Sociedad», me explicaban pacientemente. «Esta es la sección de la web, donde estarás tú, ya te explicarán», continuaba mi anfitrión. «Publicidad, Administración, Talleres, Diseño por allí». Yo paseaba por ahí entre el asombro, el pánico y la felicidad más plena. Aquello era más grande y diverso de lo que podría haber imaginado jamás. «La gente de Local, Región y Telde se sientan aquí. Los despachos son de los jefes, y arriba la plana mayor».

De aquella primera excursión me metí rápidamente en la dinámica grupal, pues los cursos de formación eran la dinámica aquellos días para estrenar una web mejorada. A partir, y hasta hoy, no dejo de sorprenderme ni un solo día en la sagrada y mágica redacción.

Nunca he dejado de formarme en esta bendita profesión, pues este periódico lo hacen personas de mucho talento, pasión y con una familiaridad que contagia a todos. Estar aquí a diario es un máster del periodismo de raza, de las interminables llamadas a las fuentes, del intercambio de opiniones y consejos, de salidas a cualquier punto y a cualquier hora si así la actualidad lo requiere.

Esos días un fotógrafo me dijo que el periódico era un lugar fascinante porque no había dos días iguales, cada jornada era una nueva aventura, un lienzo en blanco donde desarrollar y hacer un producto de calidad que saldría a las calles y a la web donde lo esperaban, y esperan, miles y miles de personas. Y así es.

En este micromundo es todo pasión, ritmo y valentía. Porque un periodista es ante todo un valiente. Sabe que tiene un deber con su lector, hace lo posible por cumplirlo y lo constata con su firma a diario para que no haya dudas.

Le puedo garantizar, apreciado lector, que aquí no hay trucos, ni bulos, ni historias raras asociadas a esta sacrificada profesión. Aquí lo que sí hay es mucho trabajo, muchas horas y una plantilla que se deja la piel para intentar que usted esté lo mejor informado posible. Y eso, créame, es una de las cosas más bonitas y difíciles que uno puede hacer. Y así seguiremos.