Siete leguas

Por mí, por todas

06/03/2018

Dice Luz Casal, cantante, que el jueves no va a ir a la huelga de mujeres porque tiene que trabajar. Simple. Si todas las mujeres, a lo largo de más de un siglo de lucha, hubiesen alegado lo mismo que ella estos días previos al paro laboral, de consumo y cuidados del 8 de marzo, nada se hubiese movido, nada hubiésemos conseguido. Ni de lejos los hombres, el patriarcado que domina aún la sociedad, hubiese motu proprio concedido el derecho al voto universal, por ejemplo.

Si las mujeres no se hubiesen agrupado, organizado y movilizado, como hicieron en Nueva York las 123 trabajadoras de la confección –y 23 hombres– que murieron quemadas tras ser encerradas por los propietarios de la fábrica en marzo de 1911, las normas de seguridad en el trabajo no hubiesen cambiado como lo hicieron hace ya más de un siglo; niños y mujeres hubiesen seguido siendo explotados por los patronos en jornadas extenuantes, con semanas laborales sinfín, a cambio de sueldos irrisorios.

En estos días más que nunca, y así lo siento, o estás contra del sistema patriarcal, o con él.

Si las mujeres no hubiesen alzado la voz cuando lo hicieron, las universidades españolas no estarían como están ahora, llenas de jóvenes mujeres estudiantes, inteligentes y cargadas de ilusiones y expectativas, pero a las que espera un mundo laboral impregnado de machismo, de desigualdades y de trato discriminatorio.

Si las islandesas no hubiesen parado el país hace 40 años para demostrar a la mitad masculina que cobraban menores salarios y además estaban al cuidado de niños, mayores y casa, nada hubiese cambiado en el que ahora es reconocido como el país más feminista del mundo.

No sé si todo esto y más sabe Luz Casal, que defiende públicamente, al tiempo que promociona su gira, «la libertad de cada una, de hacer o no hacer huelga. Puedes estar de acuerdo con que un grupo o un colectivo determinado decida hacer presión de una manera determinada, y no sentir necesariamente que tengas que formar parte de eso». Cierto. «No creo que eso sea cobardía, ni hacer un flaco favor al sistema patriarcal. Yo es que tengo que trabajar». Bueno, la excusa parece débil. Incluso, contradictoria.

En estos días más que nunca, y así lo siento, o estás contra del sistema patriarcal, o con él. Un sistema que está bien apuntalado por los hombres, los mismos que temen que el fin de sus privilegios esté cerca; los mismos que, ante el cambio, estos días te recuerdan que puedes luchar de otras maneras por tus derechos. Ellos siempre saben lo que nos conviene.