Café para todos

Podemos mató a Podemos

25/09/2019

La historia se repite. La izquierda más radical no es capaz de ponerse de acuerdo ni a la hora de comer, y se acaba repartiendo piedras cuando antes habían besos.

La relación entre Errejón e Iglesias es para hacer una tesis doctoral. Los Lenin y Stalin del siglo XXI han acabado luchando por conquistar el terreno del protagonismo y de la verdad absoluta de esa izquierda utópica, la de la dictadura del proletariado, la de la clase obrera contra la patronal, o lo que es lo mismo, la del reparto equitativo de la pobreza.

Muchos están ilusionados con la aparición estelar de Errejón en el tablero político nacional. Algunos olvidan que es el mismo que defendía con uñas y dientes el macabro sistema comunista de Venezuela, festejando los «significativos avances» en el régimen de Maduro, ya que su población «come tres veces al día». Sobre la escasez de medicamentos en la cruel dictadura venezolana, Errejón respondía que «no es que no haya medicamentos, sino que hay toda una derivación de medicamentos que están subvencionados en Venezuela, que se venden más caros en Colombia, y que se hace tráfico con cosas que están subvencionadas».

«Errejón es un Iglesias algo mejor vestido, pero con las mismas ideas utópicas del estado ideal»

¿Y este es la gran esperanza de la izquierda? Errejón es un Iglesias algo mejor vestido, pero con las mismas ideas utópicas del estado ideal. Y eso es precisamente lo que le duele al líder de Podemos, que alguien al que conoce perfectamente, con el que ha crecido intelectualmente en la politizada facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, le vaya ahora a hacer frente para ocupar un espacio que parece que ganará Errejón. Y lo ganará por muchos motivos. Entre ellos, el no haberse comprado una mansión millonaria en una de las zonas más nobles de Madrid, esa que hace unos años Iglesias aborrecía presumiendo ser un niño de barrio, y que a la mínima de turno se convirtió en un burgués que practica el comunismo en su salón con chimenea y vistas a la piscina.

Iglesias ya no engaña a nadie, pero Errejón si. Y ese es su mérito. Pero a todos esos votantes de izquierda que han visto en él una figura salvadora, solo hace falta que lean un poco sobre su dilatada trayectoria, y verán que lo suyo no es precisamente un ejemplo de pulcritud, ni mucho menos.