Opinión

Perplejo

10/01/2018

El año comienza con un manifiesto que como mínimo es muy sorprendente, que tiene todo el olor de que va a desencadenar un debate ruidoso hasta la sordera. Me refiero al que han publicado en el periódico francés Le Monde cien mujeres de la cultura y el pensamiento del vecino país que pasan por ser adalides de la igualdad de la mujer, como la celebrada y combativa ilustradora Stéphanie Blake, la escritora Catherine Millet, autora del libro “la vida sexual de Catherine M.” un relato autobiográfico muy explícito que defiende la libertad sexual de las mujeres, la cineasta Brigitte Sy, la artista Gloria Friedmann, la cantante Ingrid Caven, la editora Joëlle Losfeld, y especialmente la actriz Catherine Deneuve, icono del cine (no solo francés) que tiene una trayectoria artística que es una permanente reivindicación de la capacidad femenina para tomar sus propias decisiones y, desde luego, para ejercer la sexualidad libremente. Este manifiesto francés se opone al movimiento #MeToo desencadenado en las redes sociales a partir de la viralización de un tuit de la actriz Alyssa Milano, sobrevenido a partir de las denuncias por acoso y violación contra el productor Harvey Weinstein.

La publicación de este manifiesto casi coincide en el tiempo con el movimiento Time’s Up, que han seguido más de 300 actrices que han acudido a la ceremonia de la entrega de los Globos de Oro vestidas de negro, como protesta contra las agresiones sexuales. Las firmantes del manifiesto dicen que no comparten «este feminismo que, más allá de la denuncia de los abusos de poder, toma el rostro del odio a los hombres y a la sexualidad». Afirman que se oponen a todo tipo de extorsiones, y por ende a las sexuales, como factor presente en el trabajo, pero que lo que está ocurriendo en Estados Unidos a partir del caso Weinstein es una ola de puritanismo, que, según ellas, “no beneficiaría la emancipación de las mujeres, sino que parece estar al servicio de los intereses de los enemigos de la libertad sexual y de los extremistas religiosos”.

«Este manifiesto francés se opone al movimiento #MeToo desencadenado en las redes sociales a partir de la viralización de un tuit de la actriz Alyssa Milano».

En este punto, tengo que decir que me he quedado perplejo. Ya dije al principio que esto va traer mucha cola, porque gran parte de las firmantes del manifiesto llevan mucho tiempo enarbolando la bandera de la igualdad de la mujer, luchando en las calles y en todos los ámbitos contra la opresión femenina y plantando cara a los poderes de cualquier clase que quieren, no solo impedir el avance en este campo, sino incluso hacer retroceder las conquistas conseguidas en el último medio siglo. Hay que recordar que el origen de todo esto procede de una conducta abyecta y delictiva de un tiburón cargado de poder que, por lo que denuncian, ejercía continuamente. Sobra decir que esto es intolerable, y a resultas se ha generado un movimiento en el que han empezado a salir de los armarios un esqueleto detrás de otro. Lo que argumentan las francesas firmantes del manifiesto de Le Monde es que se está llegando a situaciones delirantes. Afirman temer que los eternos mecanismos de la seducción puedan ser considerados acoso si no hay correspondencia y que la seducción insistente no es un delito, ni la galantería una agresión machista.

Mi mentada perplejidad proviene del renombre de las firmantes, y al instante pienso en el medio centenar de mujeres asesinadas en España por sus parejas durante el año que acaba de terminar y de hechos terribles como los de La Manada, el caso Diana Quer y las violaciones en aumento. Debe ser que me he perdido algo, lo que despierta mi curiosidad por ver cómo se responde a este manifiesto en las sociedades francesas y norteamericanas, unas veces muy cercanas, otras muy distantes, pero que se admiran tanto como se combaten. Por otra parte, es muy evidente la facilidad con que la mujer es cosificada en la sociedad occidental, y la española es un caso muy paradigmático. Por lo tanto, lo que deduzco de todo este asunto tan delicado, es que tendremos que vigilar en todas direcciones, porque pudiera ser que por un lado se esté aprovechando para frenar los avances en la igualdad y por otro se esté marcando una ruta hacia una especie de sociedad victoriana. El año empieza con mucha tarea para pensar, y temo a las voces que aprovechen el ruido que va a desatar este manifiesto para apuntalar sus discursos cavernícolas, ahora que saltan a la palestra temas como la discriminación salarial por sexos o la marginación de la mujer en distintos campos artísticos y profesionales. No puede bajarse la guardia, porque a lo que realmente aspiramos es a una sociedad igualitaria y que acoja la libertad de todos los seres humanos, también la sexual. Y acabo como empecé, perplejo al ver a Catherine Deneuve en medio de este huracán.