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Pendientes de EE UU

DEL DIRECTOR ·

Lo que nos quita el sueño no es qué partido gane, sino que lo haga Trump

Francisco Suárez Álamo

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 7 de noviembre 2022

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Vota hoy Estados Unidos y da la sensación de que el mundo entero contiene el aliento. La posibilidad de que los demócratas pierdan el control del legislativo coloca a ese país ante un bienio de desgobierno aparente, con los republicanos cortocircuitando las decisiones de Biden en la Casa Blanca.

Pero no es menos cierto que tampoco será la primera vez en que se dé una situación como esa. Es más, lo que se busca al colocar las legislativas parciales a mitad de mandato es precisamente garantizar que esos equilibrios puedan existir. Y es un ejercicio bastante recomendable, pues obliga a la cultura democrática de la negociación, huyendo del monopolio de poderes en un solo partido.

Dicho lo anterior, seamos sinceros: lo que nos quita el sueño no es que gane este o aquel partido, sino que lo haga Donald Trump. El expresidente no se presenta a cargo alguno pero da igual: la campaña ha girado en torno a él y todo indica que si las cosas le salen bien en términos electorales, confirmará que se vuelve a presentar a las presidenciales de 2024.

El problema estriba en la incapacidad del Partido Republicano para reinventarse y en la evidencia de que una parte importante de EE UU sigue creyendo el discurso incendiario de Trump, que transita entre el contenido antisistema y la teoría de la conspiración, todo ello aderezado con grandes dosis de desinformación. Ahí está la bomba de efecto retardado de estas elecciones y por eso mismo sí que debemos preocuparnos.

Claro que esas bombas se desactivan con votos y con discursos sólidos. Si dos años después de llegar a la Casa Blanca, Biden y los demócratas se estrellan en las urnas, habrá que preguntarles qué hicieron. Cuando eso ocurre, la responsabilidad recae sobre todo en el que gobierna, que inicia la carrera con ventaja. Y es innegable que desde el minuto uno Biden da la sensación de haber llegado tarde, pero que muy tarde, al Despacho Oval.

En los últimos días, Biden se ha hecho acompañar de Barack Obama en los mítines para ver si así remontaba en Estados que se presumen determinantes en el recuento de votos. El expresidente va camino de ser una especie de Cid Campeador al que se resucita o se olvida según convenga, lo cual refleja el mismo problema que en las filas republicanas: la incapacidad para asumir que los tiempos cambian y que no hay que tener miedo a los nuevos liderazgos. Es más, lo que debe preocuparnos es la prolongación de esos liderazgos agotados.

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