Primera plana

Pedro Sánchez y las elecciones generales

30/03/2020
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Lo peor para Pedro Sánchez no sería una caída electoral vaticinada por las próximas encuestas, que también, sino la pérdida en el camino de socios fundamentales. Esto último, y no lo primero, es lo que realmente determina la viabilidad de la legislatura. En este mismo espacio, el sábado pasado, advertía de que estábamos ya ante un mandato zombi. Que no habría posibilidad de aprobar los Presupuestos Generales del Estado ni en 2020 ni en 2021. O que, dicho de otra forma, preguntaba retóricamente qué es eso que supuestamente cambiará que en 2021 sí hará posible lo que ahora no lo es. El silencio político es clamoroso. Pero este fin de semana el sudoku se complicó aún más por el malestar del PNV que, de largo, comienza a ver afectados sus intereses y, por ende, los de aquellos círculos sociales que le apoyan directamente. El descontento de la burguesía vasca, ligada a la economía industrial, es notorio por el zigzagueo de Sánchez a la hora de apretar las condiciones de cierre y confinamiento económico. Lo que obliga al PNV a desmarcarse del PSOE.

Sin el respaldo del PNV el Gobierno cae. Ya no es que necesite de ERC, que seguiría siendo imprescindible, sino que su actor parlamentario fundamental (el nacionalismo vasco) condena al ostracismo al Ejecutivo de coalición. Lo único que puede frenar al PNV es el temor a unos comicios generales que sirvan de ocasión para que las derechas mesetarias adquieran el poder e intentasen acabar con el concierto económico y sus derechos históricos. No obstante, tampoco puede el PNV seguir dando oxígeno político a Sánchez como si no pasara nada. Es más, dada la situación actual, lo que le interesa al PNV (y, por supuesto, a ERC) es un Gobierno de coalición débil que sufra un deterioro paulatino en el que pueda obtener réditos de financiación y competencias. Algo así, dicho metafóricamente, como ir ahogando a Sánchez poco a poco sin que desfallezca del todo.

Surge un inconveniente de cálculo político desde que se desató el coronavirus: la fecha de las elecciones vascas (y gallegas) se han retrasado sin saber cuándo se celebrarán finalmente. Hasta entonces, en Madrid no pueden contar con el PNV. Pero es que en Cataluña sucede lo mismo a son de ERC. Y entre una cita electoral y la otra, la vasca y la catalana, que si se materializan o no, nos ponemos tranquilamente en Navidad. Es decir, 2020 estará Sánchez sin Presupuestos, lo que conlleva un evidente desgaste durante muchos meses y justo tras el coronavirus.

Con todo, el PNV tiene que llegar a las elecciones en Euskadi separado del PSOE. Que la quema política que padece Sánchez no le salpique de cara a sus expectativas electorales. Porque desde este instante Sánchez viene a representar lo que era José Luis Rodríguez Zapatero en su tramo final en La Moncloa: una potencial rémora electoral incluso para aquellos barones que no sabían qué hacer con Zapatero en los mítines, sí darle la palabra o mantenerlo lejos.

El mandato estatal ha entrado en un punto muerto. No hay posibilidad real de que triunfe una moción de censura (las derechas no suman) ni de que Sánchez dimita; tratará de resistir a la crisis sanitaria y económica para ganar tiempo. La llave la tiene el PNV y ERC. El concurso del nacionalismo vasco se daba por descontado en La Moncloa pero las cosas han cambiado en los últimos días.

¿Es entonces las elecciones generales el desenlace definitivo a la crisis política que sacude a Sánchez? No necesariamente. Sánchez optará por aguantar al precio que sea aunque, a largo plazo, quizá sea más perjudicial para el PSOE como organización. Es como si estuviéramos en un intervalo de bloqueo donde el Ejecutivo de coalición no se vendrá abajo sin más pero tampoco será operativa la gobernabilidad. Un Gabinete tocado cuya suerte ya no solo depende de ERC sino del PNV cuyos intereses más básicos y los de su base social quedan mermados. Al Gobierno se le abren cada vez más frentes. Está cogido con pinzas.