Ultramar

Paz y pacto

15/09/2018

En su reciente libro Memoria de Euskadi. El relato de la paz (Ed. Catarata), presentado anoche en el salón de actos de CANARIAS7, Ramón Jáuregui reconoce su decepción con el tiempo presente, en el que el populismo y el nacionalismo agitan los corazones perplejos del descontento, seguramente, señala, por el declive ideológico de las grandes familias políticas tradicionales y el malestar de una globalización desregulada y desigual; hasta el punto, tras la sucesión de órdagos nacionalistas, que sus convicciones pactistas, su espíritu conciliador y sus creencias en las ventajas de los sucesivos acuerdos de convivencia con los nacionalistas se resquebrajan.

«Frente a los tozudos, los lúcidos, como Ramón Jáuregui, enseñan que solo juntos podemos»

Revelador, viniendo de alguien que anuncia su retirada de la primera línea política, en la que ha sido casi todo. Desde secretario general de los socialistas vascos, a vicelehendakari, delegado del Gobierno, diputado en el Congreso, ministro de la Presidencia y eurodiputado; pero, sobre todo, voz lúcida, no reconocida lo suficiente, curtida en el drama que durante decenios azotó al País Vasco, que siempre ha promovido la concordia.

Su libro es una Memoria de Euskadi, pero, también, un manual que puede ayudar mucho para transitar por la España y el mundo convulso en que habitamos. Es, en resumidas cuentas, un canto al compromiso con el pluralismo, valor esencial en democracia, que implica el reconocimiento al adversario, porque su existencia y respeto son necesarios para crecer en libertad y hacer crecer la libertad, condición inexcusable para garantizar el progreso.

En estos tiempos de tantas dudas y tan pocas certezas reconforta encontrarse con alguien que apuesta por la reflexión, el juicio crítico y el análisis profundo. Todo un lujo en esta época plagada de banalidades y en la que las mascaradas políticas son moneda común.

Nos decía hace unos días Luis García Montero que nunca ha estado la política a salvo de la guerra sucia, pero la aceleración del tiempo y las multiplicaciones tecnológicas han disparado el tono de la crispación, un auténtico vertedero que se lanza en busca del contrario, pero que, sin embargo, al final acaba manchando a todo el mundo con un descrédito de la política y la convivencia.

Jáuregui ha sido, sin embargo, rara avis en la política. Siempre abanderó la tesis de que sólo juntos podemos, por eso, volviendo al principio, bueno es seguir teniendo presente, restituir, los valores que lograron hacer triunfar la democracia, la paz, la libertad, por encima de todas las inquinas.

Los comportamientos actuales, barruntan que el desafío será largo, en tanto en cuanto los adversarios han vuelto a convertirse en enemigos; pero, pese a los tozudos, los lúcidos enseñan que el pacto es la única solución para finiquitar de una vez el proyecto de la España inacabada.