Vista parcial del yacimiento de Cuatro Puertas, en Telde. / C7

El patrimonio de Telde

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

No lo verá, porque suele estar a oscuras, pero las paredes del baptisterio de la iglesia de San Juan, en Telde, están decoradas con unos impresionantes frescos obra del insigne pintor grancanario Jesús Arencibia. La falta de luz impide ver su alarmante deterioro. La humedad ya se ha comido parte de las escenas. Su mal estado de conservación se convierte, de alguna manera, en símbolo del estado de degradación y de abandono en el que se encuentra el patrimonio histórico de una de las ciudades más antiguas del archipiélago.

Salvo intervenciones puntuales fruto del empeño personal de algunos responsables públicos locales, como el que ha permitido el inicio del rescate de Los Picachos, el patrimonio de Telde no está en la agenda. Se están haciendo esfuerzos por difundirlo, al menos cara a los turistas, pero no por conservarlo. Basta pasear por San Francisco para percibirlo. Con mucho menos, Agüimes ha logrado convertirse en una referencia entre los cascos históricos de la isla.

A Cuatro Puertas, que lleva años clamando por una inversión, le han tomado la delantera otros yacimientos a priori menos impactantes. Iglesias como la de San Juan y San Francisco piden a gritos un remozado. Y el acceso hasta la Sima de Jinámar, un hito del paisaje volcánico insular y regional, y un referente para la memoria histórica de los represaliados por el franquismo, es un camino para cabras reconvertido en estercolero público.

La lista de agravios sería larga. Es verdad que Telde estuvo años atenazado por un plan de ajuste. Pero ya no lo tiene y ya no es excusa, aunque mucho me temo que el mal que ha maltratado al patrimonio local no ha sido la falta de dinero, que también, sino la falta de interés.