Papiroflexia

Otra realidad

11/01/2018
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Coutinho ha sido el último nombre de un despilfarro sin límites, pero no será el último. Para mantener la locura inflacionista, los balones son de distinto color cada seis meses y las camisetas de los equipos también se renuevan cada temporada con modelos que no respetan la historia: el negocio no puede parar de crecer. Los importante solo son las audiencias televisivas, los pinchazos en los canales de pago, incluso Amazon entrará en la puja, qué equipo tiene más fans en facebook o instagram, interesa cada vez más crear audiencia y seguidores y menos los aficionados fieles de cada equipo.

Los operadores de televisión imponen su criterio y la jornada de fútbol que antes podías seguir los domingos por la tarde en un carrusel con pitidos anunciando cada gol ha dado paso a jornadas que se entremezclan y comienzan un viernes y terminan un lunes por la noche. El fútbol ha dejado de ser un deporte de butacas, pipas y olor a césped y se ha convertido en espectáculo televisivo y mercadotecnia.

«Coutinho ha sido el último nombre en sumarse a un despilfarro sin límites»

Es un negocio que reporta millonarios beneficios para unos pocos. Por eso tantas empresas se introducen en él. Sin embargo, los valores han sido sustituidos por criterios mercantiles y los jugadores son productos para explotar. El futbolista es una especie de maniquí, que se dedica a entretener al pueblo, pero que viven en otra realidad muy distinta y pocas veces son ejemplo para los jóvenes. Porque el aficionado es un mero espectador sin posibilidad real de respuesta, se le ningunea a pesar de ser el principal sustento del negocio. Su razón de ser. El que aún compra la entrada o paga la suscripción al canal cada mes.

A pesar de ello, ya no importan las aficiones ni sus sentimientos porque el dinero se ha convertido en el motor del fútbol, y si a un jugador le ofrecen una oferta multimillonaria para irse a otro club, léase Neymar con los petrodólares del PSG, la acepta sin más, por mucho que diga que su escudo anterior siempre será el de su alma o que busca nuevos retos.

Los aficionados son lo de menos

Después de ver que muchas otras burbujas han estallado en la última década, la cuestión es si sigue esta locura millonaria cuánto tardará en estallar la del fútbol. Tal como está montado este negocio, parece insostenible para todos excepto para los representantes y dirigentes de los clubes. Los equipos cada día gastan más, los fichajes se disparan, y las televisiones, la fuente de financiación principal, cada vez pagan más. Por lo tanto, nos guste o no el fútbol, seamos o no del todo conscientes, los que acabaremos pagando en el precio de las entradas, a través del coste del canal de pago o, incluso, nuestros impuestos, el enorme coste de uno de los espectáculos más grandes, más caros y, probablemente, gestionado de forma más irresponsable.