Lunes en África

Ola de optimismo

16/01/2019

El terremoto de Lisboa de 1755 contribuyó a la creación de las dunas de Maspalomas. De aquella desgracia surgió la mina de oro que hoy alimenta a muchos canarios, después de llevarse por delante a miles de personas en la capital portuguesa y zonas costeras sensibles.

Los desastres hacen más fuertes a los supervivientes. Los que consiguen salir de ellos aceleran el paso hacia un mundo mejor, y así, golpe a golpe, se abren nuevos escenarios de progreso. El episodio portugués fue un acicate para algunos pensadores de la época, que se aferraron a la capacidad del ser humano para superar las dificultades y dieron impulso a la Ilustración. Esa convulsión intelectual que sacudió Europa forzó cambios sociales del tamaño de la Revolución francesa. También ayudó la mala cosecha de trigo que elevó el precio del pan, pero ya nadie protesta por esto. Aunque las leyes en proyecto pretendan rebajar la calidad de la harina, hoy los franceses están más preocupados por el precio de los combustibles.

Algunos pensadores bien alimentados (Steven Pinker es uno de ellos, no el único) promueven la defensa de la racionalidad como eje para abordar los conflictos actuales. Los avances de la ciencia y la mejoría de las condiciones de vida en el conjunto del planeta animan la mirada optimista frente a la oscuridad que proyectan los conflictos vigentes. Es por eso que no debe resultar tan perjudicial para la población que personajes como Donald Trump, Vladimir Putin o Quim Torra se ocupen de los gobiernos y sus asuntos. Los apoyos al racismo, el desprecio a otros seres humanos por las plazas de Europa, la exclusión como bandera sirven de abono a un paisaje nuevo. El que surgirá cuando pase la ola que mande todo esto al carajo.