Desde mi sofá

Odio y polarización

Los últimos episodios registrados en Estados Unidos y Argentina ponen de manifiesto los peligros a los que lleva fomentar la radicalización de la sociedad

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Posturas radicalizadas y polarización. Son palabras cada vez más comunes cuando se describen la realidad política de algunos países. Se asume con naturalidad. Cuando la reacción natural debiera ser la de pena y, sobre todo, temor.

En Estados Unidos, desde la irrupción de Donald Trump en política, esta realidad se ha convertido en la moneda de cambio en el país. Una nación gigante y cada vez más dividida entre quienes apoyan al expresidente y sus paranoias conspirativas y fascistas y los que lo detestan y tienen claro que si vuelve a la Casa Blanca la democracia en su país y puede que en medio planeta caminará hacia atrás a pasos agigantados. Su intervención pública del sábado fue aterradora, propia de algunos de los líderes políticos que generaron y generan catástrofes bélicas, como su amigo Putin, sin ir más lejos.

En Argentina se produjo hace unos días un preocupante episodio de lo que puede generar esa crispación y polarización. Se trata, evidentemente, del intento de magnicidio de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Aunque existen dudas (creo que razonables) sobre lo que sucedió, hasta que se demuestre lo contrario y por lo visto en las imágenes un individuo intentó volarle la cabeza junto a su casa y no lo logró porque, parece, se encasquilló su pistola. El país, asolado por la miseria y la desigualdad social, se divide entre los que la adoran y la detestan. Tierra abonada para barbaridades. El año que viene toca pasar por las urnas en España por las elecciones municipales, insulares y autonómicas. La polarización, el odio y el radicalismo hay que desterrarlo de la campaña, por favor.