Odio

Repasemos las actas de las sesiones parlamentarias y miremos los boletines oficiales

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

El Observatorio Español de Racismo y Xenofobia, dependiente del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, lanzó ayer una especie de SOS tras detectar que el «contenido de odio 'online' hacia los menores inmigrantes aumentó 13 puntos entre el mes de julio y el mes de agosto». Digo yo que automáticamente fueron a la Fiscalía o al juzgado de guardia a denunciar con nombres y apellidos, o al menos con identidades virtuales, a los autores de esos contenidos. Lo comento porque quiero pensar que la utilidad del Observatorio en cuestión va más allá que tener a un ejército de hombres y mujeres sentados delante de una pantalla viendo qué se cuece en las redes, tomando nota, elaborando un memorando estadístico y santas pascuas.

Lo cierto es que llueve sobre mojado. Pero no cuatro gotas sino un diluvio. Más aún: el amparo legal actúa en beneficio de quienes difunden esos contenidos. No solo les sale gratis en cuanto a la responsabilidad penal, sino que encima se convierten en héroes virtuales, con montañas de visitas y 'likes'.

Por si fuera poco, hay resoluciones judiciales que no ayudan en exceso a serenar las aguas. Porque si un ciudadano ve que un juzgado 'absuelve' la valla publicitaria colocada por un partido que identifica a un menor inmigrante no acompañado como «un problema», no habrá que rasgarse las vestiduras si a partir de ahí sustenta un comentario de odio en las redes sociales. Y eso ha pasado en este país. Y va a seguir pasando. No es cuestión de ser agorero: repasemos las actas de las sesiones parlamentarias y miremos los boletines oficiales. Lo malo de seguir dejando que se juegue con fuego es que llegará un día en que alguien con poco juicio prenderá la mecha y tendremos un incendio. Entonces servirá de poco lamentarnos, como tampoco será del todo justo señalar exclusivamente al que llevaba el fósforo. Es el caldo de cultivo lo que propicia el incidente, pues si no hay lo primero, el chispazo no genera un incendio de notables dimensiones. Es así en materia de fuego real y es así en el campo de la sociedad.

Hace mucho tiempo que debió ponerse coto a la facilidad con que la incitación al odio campa en las redes de comunicación. Y hacerlo no es censurar; es simplemente poner orden. Ni más ni menos que el mismo que impera en el papel. Lo digo porque para escribir este artículo me he mordido la lengua y he evitado insultos y descalificaciones gruesas; si las pongo en internet, no pasa nada. Incluso me aplaudirán.