O una cosa o la otra

El discurso de la emergencia climática tropieza con el gas

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

El Gobierno de Canarias cogió la bandera de la lucha contra el cambio climático a las primeras de cambio. Lo hizo con una declaración de emergencia climática que a muchos les pareció una exageración, incluso una temeridad habida cuenta de que nuestra condición de destino turístico obliga a tener la imagen más positiva posible en los mercados emisores de visitantes.

El tiempo se encargó enseguida de dar la razón al Ejecutivo. El gran incendio de aquel verano de 2019 y los siguientes tuvieron una virulencia inusitada anclada precisamente en que el clima ha cambiado por obra y gracia de la acción del hombre. La acción y también la inacción, pues los compromisos internacionales de lucha contra esa calamidad se ven después bastante rebajados en cuanto al grado de cumplimiento.

Esta misma semana el equipo del consejero Valbuena nos ha recordado lo que puede suceder en el litoral si no se toman medidas en serio contra el cambio climático. Un progresivo aumento del nivel del mar puede tener consecuencias catastróficas cuando de islas se trata y esto tampoco es exagerar: hay archipiélago que llevan años sufriéndolo y eso que están en lugares donde teóricamente la contaminación es menor, pero los océanos no entienden de fronteras.

Lo que falta para que ese discurso deje de parecer alarmista y gane peso es que haya absoluta coherencia en todos los pronunciamientos. Lo digo porque no tiene sentido por un lado recordar la importancia de la concienciación medioambiental y, en paralelo, tratar de defender la última redacción parida en Madrid para deshacer el entuerto de las plantas regasificadoras. Por más que los socialistas quieran ver el vaso medio lleno, la literatura que se dio finalmente al apaño permite mañana, pasado o más adelante que las administraciones central y canaria se pongan de acuerdo y haya central de gas, ya sea en Tenerife, en Gran Canaria o donde consideren. Es negro sobre blanco y en esto no cabe discusión. Si ya se echó en falta que alguien asumiera la cuota de responsabilidad debida por el primer cambio, esta 'enmienda' tan parcial y abiertamente ambigua consolida la impresión inicial de que aquello no fue un error. Suena más bien a que se está jugado a poner velas a todos los santos: ahora se enciende un cirio por la lucha contra el cambio climático y las energías limpias y también se hace una ofrenda por el gas, no sea que cambien las tornas políticas en mayo de 2023.