Nuevas caras en el PSOE

Se señala a Sánchez como un líder que va dejando cadáveres entre sus allegados

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Este sábado hay cumbre socialista. Pedro Sánchez ha convocado al Comité Federal, una cita en la que se da por hecho que anunciará una remodelación en cargos de gran relevancia pública, como las portavocías en las Cortes.

La marcha de Adriana Lastra se supone que es el primer hito en ese nuevo ciclo. Lastra fue el particular látigo parlamentario de Sánchez en el Congreso, hasta que fue aupada a la Ejecutiva Federal del PSOE. En su lugar llegó Héctor Gómez, al que ahora las quinielas colocan como uno de los defenestrados. Si así fuera, resultaría que su estilo más moderado no encaja en el nuevo rumbo de un PSOE que, por lo que se vio en el debate del estado de la nación, gira otra vez hacia la izquierda. Pero sucede que eso es lo que representaba Lastra, de manera que la explicación resulta un poco confusa.

Se señala a Sánchez como un líder que va dejando cadáveres entre sus allegados sin miramientos. En realidad es algo que ha pasado con todos los que han sido inquilinos de Moncloa y Ferraz, como también de Génova. Quizás la singularidad de Sánchez sea la celeridad con que hace cambios pero eso es parte de estos tiempos atropellados. Lo que se busca está claro: remontar en las encuestas, evitar otra derrota en las elecciones autonómicas y locales de mayo del año que viene y encarar las generales con alguna opción de victoria o, cuando menos, de empate. Incluso de una derrota por la mínima.

¿Se conseguirá eso con nuevas caras? Sinceramente lo dudo. Veremos qué conejos saca de la chistera Sánchez pero da la sensación de que lo único que puede cambiar el rumbo demoscópico es un vuelco económico, con el fin de una inflación galopante. Y eso no está en manos de Sánchez. Ni sobre eso tienen margen alguno los hombres y mujeres que elija ahora como caras visibles del PSOE o del Gobierno. Es más: incluso si acabará mañana mismo la invasión de Ucrania, llevará un tiempo que las aguas de la economía vuelvan a su cauce. Sabido es que los mercados acaban normalizando las subidas de precios, aunque otra cosa es que esa normalidad macroeconómica se traslade a los bolsillos y a los estados de ánimo de los consumidores / votantes.

En todo caso, el PSOE se enfrenta a un problema añadido: si consuma ese giro año izquierda, será a costa de desencantar a sus simpatizantes de centro y también a costa de robar votos a Podemos. De manera que incluso subiendo en votos y escaños, se encuentra con que la suma de las izquierdas y los nacionalismos es insuficiente frente al bloque conservador.