La metroguagua en dibujos.

La nueva movilidad

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO

Que el cambio climático es un hecho admite poca discusión. Incluso, son cada vez menos los negacionistas, obligados a hacer el ridículo para salvar intereses inconfesables. Pero la clase política, siempre nadando y guardando la ropa, no acaba de convencerse de que las medidas que han de tomare han de ser inmediatas y efectivas, alejadas del juego malabar de triunfar con un estrambótico titular periodístico. Pero se quedan en notas de prensa y vídeos de TikTok. Un ejemplo: España pretendía contar con 100.000 cargadores para vehículos eléctricos -de cero emisiones- en 2023. La realidad es que solo tiene 15.000.

Pero no tenemos que ir tan lejos. Las Palmas de Gran Canaria es una de esas ciudades hostiles con peatones, ciclistas y personas con movilidad reducida. Maquetas de espacios verdes, zonas peatonales y red de carriles bici tenemos para dar y regalar. La realidad, sin embargo, es que hay zonas de la ciudad que carecen de aceras dignas de ese nombre, a veces, incluso, de simplemente un arcén para andar. Hay caminos de cabra en medianías más confortables que algunos carriles bici de la zona baja de la ciudad -en el resto no existen o terminan abruptamente en no se sabe dónde-, y lo de las zonas de baja emisión, las famosas zonas 30 para apaciguar el tráfico en los barrios, es el unicornio de la movilidad.

Si nos ponemos en el lugar de una persona con movilidad reducida la cosa es mucho peor. No es infrecuente ver por las calles de algunos barrios a personas empujando la silla de ruedas de un o una mayor por la carretera porque no cabe por la acera cuando esta existe. La falta de aparcamientos disuasorios y la desidia llenan las calles de vehículos que muchas veces impiden incluso cruzar y en la mayoría de los barrios hacen fiesta llamando zona verde al matojo que sale de la calzada cuando caen tres gotas.

Eso sí, l a inexistente metroguagua copa más titulares que este desaguisado gracias a la maquinaria de la propaganda. Esa debe ser la supuesta nueva movilidad: imaginar que un día subiremos a una superguagua que, de momento, solo vemos en las estampitas de la realidad virtual.