Ultramar

No hay manera

04/04/2020

El título de este artículo, ya quisiera, no es por el estribillo de la hermosa canción de amor de Coque Malla, No puedo vivir sin ti. Aunque en estos tiempos de ausencias y lejanías bien viene entonarla y recordarla, que la música, la cultura toda, alivia el espíritu ante tanta desazón.

No, el título es a propósito de algo mucho más prosaico, la constatación de que en el estado de situación en que nos encontramos volvemos a comprobar que no hay manera de que los políticos nuestros aprendan. Y eso que de esta hecatombe sanitaria y económica no habrá, no hay, más remedio que sacar muchas lecciones. Por lo pronto la incertidumbre planea sobre todo y sobre todos, pero la coincidencia general es que mucho se ha hecho mal y nada será igual a partir de la pandemia; nada, menos ellos, los políticos, que hasta ahora siguen comportándose, tras unos primeros titubeos, como siempre: buscando rédito para sus intereses partidistas.

«En medio de esta cruel pandemia los hay que siguen buscando rédito para sus intereses partidistas»

Todo lo que está sucediendo es muy difícil de entender. Estamos ante una crisis, varias, de órdago, y estas situaciones exigen que se acentúe la cordura y que no se imponga la indecisión. El cómo se encaran estas complejas situaciones destapan a las personas. Ahí los tienen, destapados.

Los de un lado contradiciéndose y los del otro aventando demonios, exabruptos incluidos, cuando la salud se desmorona. La salud que siempre nos han enseñado que es lo primero; aunque ahora, a la vista del debate generado, ya no está tan claro si para algunos es esta o la economía.

Unos improvisando y mandando mensajes contradictorios e instalándose en el unilateralismo. Primero proclamaron que descartaban parar la economía y luego la «hibernan», sin siquiera dar cuenta a los agentes sociales y económicos, sino decreto mediante y con conferencias de prensa con preguntas filtradas que, ni así, son contestadas con claridad.

Otros, alimentando la confusión y el desasosiego de una ciudadanía sufriente. Resulta paradójico comprobar cómo esos mismos que hasta ayer apostaban por la recentralización ahora se posicionan en contra del mando único que dirige la lucha contra el virus, y a río revuelto hasta reclaman un Gobierno de salvación. Pobre democracia. Son incapaces de disimular que, cual tío Gilito, andan haciendo cuentas de cuán rentable les puede resultar políticamente esta tormenta perfecta que nos engulle, aunque ello pase por poner en peligro las libertades políticas e individuales.

El prestigioso Instituto Elcano ya ha advertido de que el momento excepcional que sufrimos puede llevar a limitaciones injustificadas de libertades y a restringir derechos en el ámbito de la privacidad. Entre tanto, la pandemia mata y saca a la luz las vergüenzas de una sociedad que renunció a la diversificación, se entregó a la deslocalización y ahora anda desesperada porque terceros le administren lo necesario para sobrevivir, por ejemplo respiradores, que han de venir de China.

Así, no hay manera.