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Solo tengo seguridad en una fe: la duda
Voces, palabras

Solo tengo seguridad en una fe: la duda

¿Por qué muchos votantes siguen depositando en ellos su confianza? ¿Indiferencia, pasotismo, irresponsabilidad, ignorancia... o quizás ausencia de una serena e inteligente recapacitación?

Nicolás Guerra Aguiar

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 2 de febrero 2024, 23:14

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La voz «científico», estimado lector, es un neologismo aportado por William Whewell (1841) para referirse a los hombres que se dedicaban a la investigación. El Diccionario la define como «Que tiene que ver con las exigencias de precisión y objetividad propias de la metodología de las ciencias». Exactitud e imparcialidad, por tanto, al margen de la fe religiosa (rigurosamente respetable), relacionada esta con creencias o dogmas ajenos a la experimentación.

Las tres leyes matemáticas de la fotografía se deben al físico inglés Isaac Newton (1642-1727) para explicar los movimientos de todos los cuerpos en el universo. Y aunque la fuente de información que manejo las define como «muy sencillas», va usted a permitirme el sensato y juicioso silencio sobre ellas dados mis muy limitados conocimientos en torno a la ciencia matemática (sin embargo, fue mi asignatura predilecta a lo largo del bachiller elemental). Lenguaje matemático, por otra parte, que algunos maestros en la cosa llaman «el libro de la naturaleza», pues las matemáticas actúan como bisturís e instrumentos para relacionar observaciones y plantear teorías científicas.

No obstante, como impacto visual la imagen vale para iniciar un elemental recorrido sobre la duda científica. Esta nos recomienda prudencia cuando osamos afirmar que muchos juicios relacionados con el concreto campo de la investigación son verdades indiscutibles. Lo recordó un documento de don Gonzalo Pérez Casanova (lo cito más abajo), investigador y catedrático del Instituto Pérez Galdós (Historia Natural y Fisiología e Higiene, hoy Ciencias Naturales) entre 1926 y 1939. Sometido a expediente por la Comisión Depuradora C de Las Palmas (el fascismo en su más pura esencia), es expulsado del aula y del cuerpo de docentes.

Desde el punto de vista político la Comisión represora lo acusó de socialista, pues había sido concejal del PSOE democráticamente elegido en 1931 (ejerció como tal los dos primeros años de la II República). En lo profesional y académico fue también denunciado por explicar en clase el evolucionismo darwiniano recogido en 'El origen de las especies', 1859, evolución de algunas por selección natural.

En el caso del hombre y del simio, por ejemplo, ambos tienen antepasados comunes que pueden localizarse temporalmente: entre seis y nueve millones de años atrás. No es, pues, que el hombre proceda del mono, tal como tradicionalmente suele comentarse (y así caricaturizaron la Iglesia y los osados 'sabios sapientes' del siglo XIX a Darwin). Pero sí es cierto que ambos son resultado de una evolución como lo fueron el castellano, gallego, francés, catalán… a partir de los cambios producidos en el latín.

Pérez Casanova fue un investigador riguroso. Cuando presentó (mayo, 1940) sus alegaciones contrarias a la acusación sobre el darwinismo, argumentó que un científico debe cambiar incluso las teorías explicadas en clase desde el momento en que nuevas conclusiones «procedentes del análisis y la inducción» invitan y obligan a su inmediata rectificación, «ya que a nadie le es dada la infalibilidad en cuestiones de Ciencia». Es decir: la duda sobre algo tradicionalmente considerado verdad indiscutible es la fe ajena a lo religioso, es decir, creencia que se da a algo por la autoridad de quien (quienes) lo dice (dicen). Y don Gonzalo sabía del tema: fue educado en la selectiva Residencia de Estudiantes, sección de Ciencias Naturales. Posteriormente llegó a la Universidad de Ginebra enviado por la Junta de Ampliación de Estudios a los dieciocho años (1919).

Y como «análisis e inducción» están relacionados con exploración, investigación, observación y experiencias, el catedrático mantuvo siempre la prudencia. Por tanto, recomendaba a sus alumnos poner en duda cualquier teoría (incluso la de Darwin) relacionada con la ciencia... hasta su absoluta e irrebatible demostración. Actualmente, por ejemplo, tal principio lo plantean también algunos físicos sobre una tradición supuestamente indiscutible. Así, «La teoría de la relatividad de Einstein encuentra dudas en un agujero negro» (revista 'Science') tras el mayor experimento cósmico realizado hasta la fecha. De ahí, pues, el mantenimiento de la palabra «teoría», es decir, «parecer, apariencia, sospecha».

Permítame como consecuencia de lo anterior, estimado lector, una apropiación indebida. Se trata del título de este artículo, algo transformado pero fiel a Jorge Wagensberg, una de cuyas obras se titula precisamente 'Solo se puede tener fe en la duda' (Barcelona, Tusquets, 2018). Su propietario intelectual (murió también en 2018) fue Premio Nacional de Pensamiento y Cultura Científica, es decir, no un aficionado. Doctor en física, ejerció la docencia en la Universidad de Barcelona.

La investigación científica desmonta mitos, fábulas. Así, algunos planteamientos pregonados por las religiones desde milenios como, por ejemplo, el origen y formación del Universo. Aquella tradición de las intervenciones de dioses y sumos sacerdotes como intermediarios entre el Cielo y los humanos, tan provechosa para fortalecer su poder, ya ni tan siquiera es teoría, tesis o simple parecer. Sigue siendo (insisto en la respetabilidad que merece) cuestión de fe, pero no de la fe científica. Esta exige objetividad, desapasionamientos y precisión, reitero. Y las tres exigencias surgen a partir de la duda.

(Un paréntesis, porfa. Si nos paramos en la letra chica de los prospectos farmacéuticos comprados en España descubrimos algo importante: cualquier producto está fabricado por una empresa privada -generalizo-. Por tanto, la sociedad, en general, es prisionera de sus intereses comerciales. Lo gobiernos -salvo excepciones- se dejan ir al golpito y no dedican a la investigación científica importantes partes de su presupuesto. ¿Lo hacen para dejar el camino libre, el monopolio de las exploraciones y, por tanto, el poder y milmillonarios beneficios a las grandes industrias privadas? ¿Acaso los gobiernos, si rascamos exterioridades, dependen del gran capital?)

Más: la misma sociedad usa secuencias ya implantadas en el mundo de la Justicia en torno a la duda. Así, un principio del Derecho Penal como «In dubio, pro reo» («Ante la duda, a favor del reo») está en boca de hablantes. Y tal básica, elemental y esencial defensa de la presunción de inocencia se registra en nuestra Constitución (artículo 24.2.). A la par, la ciencia no puede aceptar a ciegas una teoría científica sin haberla puesto en duda pues sabe que puede hacer el ridículo cuando no prueba, ensaya, experimenta.

Sin embargo, hay excepciones: probados, ensayados y experimentados un buen número de reincidentes profesionales de la política; despejada la duda científica sobre su sospechada y demostrada incapacidad para tales menesteres, ¿por qué muchos votantes siguen depositando en ellos su confianza? ¿Indiferencia, pasotismo, irresponsabilidad, ignorancia... o quizás ausencia de una serena e inteligente recapacitación? (¡Ditoseadiós!)

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