Borrar
Extranjeros en las aulas del Instituto Pérez Galdós

Voces, palabras

Extranjeros en las aulas del Instituto Pérez Galdós

Aún sé de algunos: la 'jovena' marroquí ejerce su gran pasión (la medicina) en Canarias (...) El húngaro es ingeniero en Madrid; el rumano (al final del curso hablaba como cualquier canario) es también ingeniero

Nicolás Guerra Aguiar

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 12 de enero 2024, 23:05

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

A lo largo de su siglo y pico de existencia el instituto Pérez Galdós (LPGC) almacena en su currículo cientos de anécdotas y otras tantas historias, algunas macabras. Así, por ejemplo, desde octubre de 1936 irracionales pasiones, extremismos ideológicos e integrismos mentales de quienes debían ser sumos sacerdotes de la ciencia y la docencia llevaron la represión a claustro y aulas.

Y lo hicieron ya por motivos de represión política (el republicanismo de los profesores Pérez Casanova, Chacón de La Aldea, Agostini Banús, Mederos Pérez, Nicol Francisca, Agustín Espinosa y Millares Carló) o persecuciones a las europeizadas y sabias innovaciones pedagógicas aplicadas a sus clases (inquisitorial acoso por explicar en el aula la teoría darwiniana de la evolución, por ejemplo).

Fue a partir de 1976 con Orlando Guntiñas Tuñón cuando la serena revolución social y política comenzó a desestructurar los hormigones ya debilitados del régimen anterior, por más que fueron necesarios algunos quinquenios para echar abajo tal entramado (y a pesar de todo...). Así, ya en 1982 el catedrático de Griego ejercía como director. Tal hombre sereno, dialogante, reivindicativo con los derechos de profesores interinos llevó con inteligencia e imprescindible mano izquierda la transición desde anteriores posicionamientos ultras hasta la definitiva implantación de la sociedad democrática, sueños desde antaño.

Un claro ejemplo fue su directa implicación en el homenaje a los poetas de Antología cercada (mayo) celebrado en el salón de actos del centro con la participación de cuatro de los cinco autores (los hermanos Agustín y José María Millares, Pedro Lezcano, Ventura Doreste. Ángel Johan había muerto). Se trataba, así como quien no quiere la cosa, del público y oficial reconocimiento en un centro de formación humanística y científica a los reiniciadores de la poesía social española de posguerra, antología (1947) arraigada en el muy peligroso compromiso con el canto a la libertad secuestrada.

Puestas las imprescindibles bases por el profesor Guntiñas, Jesús Torrent Samperio es elegido director (1983-1992). Con él se afianza y avanza vertiginosamente el renacimiento del Pérez Galdós, no solo como adelantado de una ideología profundamente democrática (participación directa del alumnado y personal no docente, por ejemplo, en tomas de decisiones) sino a la par renovadora: caen símbolos y viejos sistemas oscurantistas. La sociedad respondió: en pocos años el instituto alcanzó los casi tres mil alumnos en turnos de mañana, tarde y noche (la Administración no admitió el correspondiente a la del alba). Paralelamente creció el número de profesores, casi todos jóvenes y muchos ilusionados con el nuevo país que empezábamos a ver y a poner en marcha.

El período 92/98 (Manuel Hernández Cabrera, Lidia Poch Páez) recoge los éxitos anteriores e impulsa su salida a la calle: instituciones consulares celebran su semana dedicada íntegramente a cada país participante; distintos organismos privados y personas muy prestigiosas (desde el diputado del común al señor Soria López) exponen pensamientos profesionales y políticos acordes con el sistema democrático; a lo largo de varios meses los siete cabildos insulares celebran actividades para darse a conocer pues, desgraciadamente, muy pocos discentes habían viajado a otras islas. Y como se estimó conveniente romper el aislamiento físico tan arraigado en nuestra sociedad, ocho casas regionales ocuparon aulas, pasillos, salones… Así, se habló también en otras lenguas oficiales y variantes a lo largo de cuatro meses.

Culminó su apertura con la internacionalización: nueve premios nobel de Medicina, presentes en cuerpo y magistral disposición, asentaron nueve phoenix canariensis, nuestra simbólica planta, y dieron vida al Palmeral Premios Nobel al cual, por cierto, se han unido otros tres premios nobel (los escritores Saramago y Vargas Llosa, de Literatura, y el doctor Neher, de Medicina). Y tal como las majoreras al decir de Unamuno («Es una antorcha al aire esta palmera») las «nobelísimas» palmeras del Pérez Galdós se mantienen enhiestas y caminan ininterrumpidamente hacia las altitudes cual «mástiles que a las estrellas casi alcanzan», como el ciprés gerardodieguista de Silos.

Pues bien, estimado lector. Rotas las limitaciones geográficas, el Pérez Galdós fue uno de los primeros centros oficiales que añadió al currículo de algún curso una novedad: 'Español para extranjeros', dependiente del Seminario de Lengua Española. Había que empezar desde cero: casi la totalidad de los alumnos extranjeros -algunas decenas- no sabía expresarse en nuestra lengua. Por tanto, cumpliendo con la obligatoriedad de la enseñanza y del aula, ¿cuál iba a ser su rendimiento en todas las asignaturas si el «mí no compren» era la más amplia cadena lingüística por ellos manejada?

Dominaban numéricamente los chinos, pues coincidió con la apertura de muchos comercios y restaurantes, el boom del pollo con «almendlas», chop suey, «lollitos» de «plimavela»... Se les intuía despiertos, capaces de aprender nuestra lengua muy distinta en todo a la suya (el chino mandarín y la correspondiente a la zona de nacimiento y educación inicial: todos habían llegado de su país pocos años atrás).

Y como no mantenían relaciones con sus compañeros canarios salvo las muy imprescindibles, se encerraron en sí mismos y formaron un grupo apartado. Era preciso, pues, dadas las quejas de algunos profesores (importunaban en clase), empezar por lo fundamental: los primeros pasos en la lengua española. (Uno de ellos, a mediados de curso, dio fe de su avance acelerado: «Plofe, estoy enamolado»...) Algunos son hoy comerciantes establecidos en la capital grancanaria.

Otros procedían de Hungría, Rumanía, Finlandia, Rusia, Marruecos... Dada la gran dificultad se consideró prudente que el grupo cuatrimestral no sobrepasara la docena, a fin de cuen tas se trataba de tres horas semanales en horario lectivo y, por tanto, faltarían a clases de otras materias.

Aún sé de algunos: la 'jóvena' marroquí (camarera desde las 13.00 horas), ejerce su gran pasión (la medicina) en algún centro público sanitario de Canarias. El húngaro es ingeniero en Madrid; el rumano (al final del curso hablaba como cualquier canario, pues su lengua y el castellano son hermanas, proceden del latín) es también ingeniero...

Sí, valió la pena el esfuerzo. El 'Pérez' conectó con la sociedad y se convirtió en uno de los institutos pioneros de Canarias. Así continuó y sigue, respectivamente, bajo la administración de Carmen Martín Afonso y del actual director, Vicente Ramírez Domínguez. Valió la pena.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios