Papiroflexia

Muchos coches en días de lluvia

05/04/2019

El de ayer fue un día irritante. Un día para practicar la paciencia, para dimitir de cualquier responsabilidad, para inventar una excusa y quedarse entre las sábanas. Oculto bajo la manta, como el culpable que se esconde. La lluvia es el fenómeno meteorológico que más pone en evidencia las carencias de una ciudad. Se veía venir desde hacía semanas, con las últimas gotas del invierno. Inaugurada incluso la primavera. Las nubes del fin de semana presagiaban más días de chubasqueros, retenciones y kleenex. Una rutina salpicada de atascos, retrasos, algún que otro accidente, alguna que otra caída. Desde bien temprano las nubes comenzaron a descargar ese agua tan deseada en el campo como inoportuna en la urbe. Padres y madres que llegan tarde al cole cargados de paraguas, mochilas y ropa de otoño en pleno abril. Y currantes de malhumor que, como yo, abusan del coche por no querer usar el transporte público. Por la comodidad irresponsable de aparcar en la puerta o por la deficiencia del transporte público. Muchos tampoco creen en la Metroguagua.

«La comodidad irresponsable de aparcar en la puerta o por la deficiencia del servicio público»

Y es que otro día de lluvia, goteras y charcos, condicionado por los colapsos y las prisas de siempre, volvió a demostrar que Las Palmas de Gran Canaria, la mayor y más poblada ciudad del archipiélago, no está del todo preparada para afrontar las consecuencias de la tormenta. No lo está habitualmente para digerir los miles de coches que la recorren en hora punta, menos cuando caen cuatro gotas. A primera hora de la mañana el tráfico comenzó a concentrarse en las principales arterias de la ciudad y los bocinazos iniciaron el concierto de cada día lluvioso. Ayer, agravado por varios accidentes en puntos neurálgicos de la city aún en la oscuridad.

No sólo los coches, también las guaguas acusaron las lagunas de organización del tráfico que existen en días como el de ayer. Unas paradas a rebosar con gente que tenía que esperar a que pasara el siguiente vehículo porque el primero iba lleno, y esperar mucho. Mojados, y enfadados. Del caos en el que se convierte la ciudad en estos días de bendita lluvia, y que sufrimos todos los ciudadanos también como cómplices del Apocalipsis, se deben diferenciar dos problemas que se retroalimentan y se condicionan. Por un lado, el grave problema de circulación que tiene una urbe saturada de coches por la mala práctica de los conductores y la mala planificación. Un problema independiente al tiempo, pero que se multiplica con los aguaceros. Y por otro, la falta de previsión a la hora de ejecutar obras y solucionar las carencias de infraestructuras que magnifican problemas de evacuación, alcantarillado y drenaje. Días como el de ayer seguirán repitiéndose por la masificación y la falta de previsión de la administraciones. Y por el imparable proceso de gentilización de las ciudades.