Cuentos Chinos

Merecen descansar

26/01/2018
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Fue el 3 de septiembre de 2007 cuando Ithaysa Suárez vio por última vez a su hijo Yéremi Vargas. La última ocasión en la que pudo disfrutar de su alegría y carácter inquieto. «Era un trasto, no paraba y siempre revolucionaba la casa», reconocía estos días su madre mostrando ese rostro de angustia que ha tenido desde aquel fatídico mediodía del 3 de septiembre.

Ithaysa no ha podido volver a ser feliz, a pesar de que a su vida ha llegado de nuevo el amor y más hijos, pero ella siempre vivirá con el permanente recuerdo de Yéremi, su niño. Un joven de siete añitos que alguien arrancó de su familia sumiéndola en la desgracia. Desde ese momento, pocos habrán visto sonreír, ni a Ithaysa ni al resto de sus familiares que han vivido muy unidos esta penitencia. Yo, al menos y haciendo memoria, no recuerdo un instante de felicidad con ella, una carcajada o algo similar que hiciese dejar a un lado, al menos por un instante, el triste recuerdo de Yéremi.

«Los seres queridos de Yéremi necesitan recuperar la sonrisa y solo les vale encontrar al niño»

Pues casi once años después, la familia de Yéremi Vargas merece descansar, merece que alguien se apiade de ellos y diga qué pasó con el menor. Han pasado muchos meses de incógnitas, de parecer que veían la luz al final del túnel y nuevo se volvía a cerrar la salida y de una búsqueda desesperada e infructuosa. Pero al menos, la familia de Yéremi cuenta con el consuelo de que los investigadores han hecho todo lo que estaba en su mano por localizar un mínimo indicio para recuperar al menor.

Estos días, a raíz de la publicación de los detalles de la Operación Yéremi llevada a cabo por la Guardia Civil, se ha podido ver la trascendencia de la misma. Las cientos de personas a las que identificaron e interrogaron los especialistas de la Policía Judicial, los lugares donde se rastreó, las diferentes líneas de investigación y otras pesquisas más que no han servido para encontrar a Yéremi. Eso sí, al menos se ha conseguido enjaular a otros delincuentes sexuales que campaban a sus anchas por Gran Canaria y que, gracias a la Operación Yéremi, acabaron entre barrotes.

Ithaysa, sus familiares y seres queridos necesitan recuperar la sonrisa y solo les vale si encuentran al niño. No hay que perder la esperanza, a pesar de los años, pero para ello seguirá trabajando día y noche el equipo de investigación: «Tenemos fe en que algún día lo conseguirán», afirmó la madre de Yéremi. Ella no pierde la esperanza.