Como si fuera un mercado persa

Seguro que el Mundial de fútbol femenino no interesa en Qatar

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Hasta la medianoche estuvieron ayer los negociadores del fútbol con su particular puja para llevarse a este o aquel jugador. Subiendo y bajando las cotizaciones en esa especie de casa de subastas en que se ha convertido el deporte, donde no solo transitan intermediarios que se venden al mejor postor sino también estados convertidos en dueños de clubes.

Con las competiciones ya iniciadas, con los primeros goles marcados, con las alineaciones definidas y con las camisetas vendidas con los nombres de los jugadores, esta sinrazón en que se ha convertido el fútbol permite que el traspaso se realice a estas alturas. Ya se pueden imaginar la frustración de los aficionados al contemplar cómo aquel futbolista al que aplaudió el pasado domingo, de repente está en las filas del equipo con el que tiene que vérselas el suyo el siguiente fin de semana. O a ver cómo quedan los que hicieron cábalas sobre si su equipo había o no tenido suerte con los rivales que le tocaron en la Liga de Campeones cuando, de repente, el club que parecía condenado a no pasar de primera ronda tiene a Cristiano Ronaldo (caso del Manchester United, por ejemplo) o cualquier otra estrella galáctica.

Respecto a lo de los jeques al frente de clubes deportivos, es evidente que en una economía de mercado como la nuestra, estas cosas son posibles. Y legales. También en su día Jesús Gil fue nuestra versión patria -y bastante chirriante- de un jeque 'marbellí'. Quizás lo que sí tiene una repensada es la indulgencia con que afrontamos que los clubes puedan ser patrimonio de países donde las libertades y los derechos están a años luz de lo que entendemos en Europa, y sin embargo nos indignemos con lo que sabemos de cómo se las gastan los talibanes. Y eso por no hablar de la UEFA y la Fifa, que son tan benévolos con esas naciones que el próximo Mundial de fútbol se va a celebrar nada menos que en Qatar. Seguro que el de fútbol femenino les interesará bastante menos a los dirigentes de ese país petrolero...

Al final las aficiones lo acaban olvidando casi todo y lo perdonan también casi todo. Es tanto el ansia por ver fútbol y por entusiasmarse con la victoria del equipo que cada uno siente, que se acaba por dando por bueno este mercadeo bastante indecoroso. Después, eso sí, no pidamos peras al cuarto; no apelemos al espíritu deportivo de una estructura profesional que sigue olvidando los valores formativos del deporte y antepone hacer caja por la vía expeditiva.