Opinión

Mauricio y el lado oscuro

13/07/2018

José Carlos Mauricio es uno de los políticos más exóticos e interesantes que ha dejado la política canaria desde la Transición. Quien más o quien menos, reconoce sus trienios y juegos maquiavélicos en estas latitudes. Otra cosa es su honorabilidad pública que, por ahora, está en tela de juicio pendiente de lo que diga el Juzgado de lo Penal nº 2 de Las Palmas de Gran Canaria. Sin ir más lejos, le acusan de falsificación en documento oficial en medio de un enredo en el que también se ve involucrado el decano de la Facultad de Economía de la ULPGC (¿nada tiene que decir el rector?) y su pareja que tiene el temor de ser expulsada del país. Una supuesta treta chusca e impropia de un decano y de un político que fue relevante. Lamentable.

Tras décadas de vida pública, Mauricio se ve ahora (con 76 años) en el banquillo. Un final que, pendiente de la sentencia, parece que despoja el mito de aquel joven líder de los comunistas canarios que, incluso, Santiago Carrillo llegó a considerar como su delfín político cuando todavía el PCE pintaba algo en la esfera nacional. Es el mismo dirigente que posteriormente ejerció de conseguidor de CC en Madrid mientras sorprendía a todos con sus discursos habituales en la tribuna sin papeles. Francamente, daba gusto escucharle cuando se dirigía al entonces presidente del Gobierno José María Aznar en los debates sobre el estado de la nación. Aquellos tiempos en los que CC, casa común de variopintas ideologías, lograba para las islas lo que quisiera con sus cuatro escaños (dos por provincia, nunca más). El fallo judicial pondrá las cosas en su sitio. Aún está viva la imagen de Mauricio al volante sin carné de conducir bajando desde la carretera de Tafira y tapándose el rostro ante los periodistas de Antena 3 Canarias que le seguían para captar la exclusiva. Es, por tanto, un personaje público de mil esferas, cada cual más misteriosa que todavía causa rubor y comentarios en la sociedad isleña.

«El fallo judicial pondrá las cosas en su sitio. Aún está viva la imagen de Mauricio al volante sin carné de conducir»

En los comicios locales de 2007 se estampó electoralmente como candidato nacionalista al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. No sacó ni un solo acta y obtuvo menos votos que los ecologistas. Fracaso total. Y antes se la había jugado a Román Rodríguez cuando, de la mano de Adán Martín, se hizo con la Vicepresidencia del Ejecutivo (2003-2007) ahondando en la división de CC en Gran Canaria que fue el detonante para que después se produjera la escisión de NC. Se agenció el provecho de la seducción de ATI para arrinconar a Rodríguez. Poco más de una década hace de aquello. Un episodio tras otro que van conformando lo que queda del perfil de aquel raro entusiasta del PCE cuyo desenlace está (o no) por conocer.