Bardinia

Mansplaining, feminismo liberal y otras mentiras

12/03/2019

La semana del 8 de marzo preferí no hablar de la igualdad porque ya había muchas opiniones y pensé que esos eran días para que fuesen las mujeres las que levantaran la voz, porque va siendo hora de que las palabras y los hechos tengan valor por sí mismos y no por el sexo de quien habla o actúa. Mansplaining es el enésimo anglicismo que nos llega y que se refiere a la situación mil veces repetida en la que los varones actúan como seres superiores a las mujeres, sin argumento racional que los lleve a tal conclusión. Creo que todos hemos asistido demasiadas veces a la escena en la que una mujer está aparcando y suele aparecer un hombre que, sin que nadie se lo haya pedido, se empeña en dirigir la operación, diciéndole a la conductora, que generalmente es una desconocida para él, cuándo debe girar el volante y cuándo parar. Seguramente se sentirá solidario, buen ciudadano o incluso protector quijotesco de damas en apuros, porque eso no ocurre cuando quien trata de aparcar es un varón. En su inconsciente ha decidido que esa mujer que está al volante es incapaz de estacionar sin ayuda, con lo cual queda patente que se siente en superioridad.

Esta misma escena también la hemos visto en otros escenarios, especialmente cuando anda de por medio una máquina o un artilugio electrónico o informático, dando por sentado que una mujer no puede dominar un programa de ordenador o cualquier tarea que tenga cierta complicación, aunque solo sea armar un mueble de Ikea. Eso es condescendencia, que nada tiene que ver con que un hombre ayude a una mujer cuando esta se lo pide, como también ocurre al revés, porque conozco a mujeres que me dan diez vueltas en muchas materias, y cuando tengo un problema acudo a ellas. Es curioso, pero estos “seres superiores”, que incluso puede que no tengan carnet de conducir, no se les ocurre pensar que la desconocida a la que tratan de dirigir en el aparcamiento puede ser profesora de autoescuela o campeona de rallye, y de que la dama a la que se le acaba de bloquear la impresora no solo es capaz de desbloquearla ella solita, sino de fabricar una nueva porque su formación se lo permite.

Estamos rodeados de micromachismos que son como palos en las ruedas para que el pensamiento avance. Nadie está libre de cometer esos errores, e incluso las mujeres padecen a menudo esa lacra grabada a fuego en nuestras costumbres. Parece una tontería, materia de monólogos humorísticos, pero es la grasa sobre la que se mueve todo el mecanismo que hace que la desigualdad sea considerada como normal y se generen situaciones que van in crescendo desde ese aparcamiento dirigido que parece un gag de humor hasta los más terribles crímenes que por desgracia no cesan. Uno se pregunta cómo es posible que pueda generarse tanta crueldad, y lo más tremendo es que, cada vez que se habla de las mujeres asesinadas y las cifras se aíslan, olvidamos a miles de casos de maltrato, vejaciones y vidas infelices cuya última causa es esa falsa superioridad, y que se perpetúa un día tras otros con palabras, actuaciones y omisiones irresponsables de quienes tendrían que liderar ese cambio de mentalidad.

Causa tanta indignación como tristeza que se haya abierto la caja de los truenos de las mentes más cavernícolas, que en una situación de auténtico terrorismo feminicida se permitan jugar con las palabras para arañar votos o para tratar de ocupar un espacio político que solo propugna más diferencias y más injusticia (les encanta etiquetar a la gente por estamentos sociales). Se presentan como si estuvieran investidos por la historia, y es precisamente la historia la que nos dice que llevamos miles de años viviendo en el error de la desigualdad, y ese no es argumento para persistir en el disparate.

No entiendo cómo no se les cae la cara de vergüenza cuando dudan de los números de la violencia machista (o los falsean descaradamente), cuando hay mujeres que hablan de feminismo liberal (otra forma de negar la desigualdad) o cuando un hombrecillo que no puede siquiera certificar sus títulos académicos mirándote a los ojos se atreve a pontificar recomendando a las mujeres que miren lo que llevan dentro. Si no fuese tan ofensivo e irritante, parecería una caricatura, pero hay mucha injusticia y demasiadas mujeres muertas sobre la mesa como para hacer parodia.

Así que es la hora del cambio, y han de liderarlo las mujeres porque, lo mismo que fue Espartaco y no un patricio romano quien condujo a los esclavos, son las mujeres las que deben marcar el camino hacia una sociedad nueva, y los hombres debemos apoyar cada paso del proceso, porque no es una guerra de mujeres contra hombres, sino de gente que quiere vivir en igualdad en el siglo XXI contra quienes quieren volver a las cavernas. Ah, y cuidado con los mansplaining.