A quien le importe

Manifiesto millennial

21/08/2018

Sí, soy millenial. He cambiado la televisión convencional por Netflix, escribo mensajes de WhatsApp para ahorrarme llamadas y de vez en cuando me saco algun selfie para colgarlo en Instagram. Por lo visto sigue habiendo compañeros que miran a mi generación como monos de circo esperando ver el próximo truco entre miedo y curiosidad para luego descalificarla con argumentos vacíos y atribuirle adjetivos como «egoísta» o «superficial» sin siquiera pararse de verdad a entendernos. «Antes no éramos así», «en mis tiempos era mejor». Que me den un euro cada vez que alguien afirme esto y podría comprar Wall Street. Créanme que me hace falta, porque somos la primera generación desde la posguerra que llega a los 30 años con ingresos menores que los nacidos en la década anterior. Es decir, somos la primera generación que vamos a vivir en peores condiciones que nuestros padres. Pero somos mucho más.

«No somos perfectos, seguimos teniendo problemas con los que luchar, pero basta de cinismo»

A pesar de algunos desvaríos de esta eterna lucha generacional (al parecer hemos «matado» las relaciones de pareja y varias industrias) venimos pisando fuerte. No nos queda otra, y me niego a sentir nostalgia por una época que no he vivido. Prefiero luchar por el ahora, por el futuro, porque fueron los millenials quienes salieron a la calle el 15-M, quienes defendieron la despenalización del aborto en Argentina y también la mitad de los que no votaron a Donald Trump. Lo que parece difícil de reconocer es que somos una generación que ha tenido que asumir las consecuencias de una crisis en la que no hemos participado; tenemos una mayor conciencia animal y sensibilidad con temas sociales y con el medio ambiente (que sí, que hay mucha gente incívica, pero a todas las edades); hemos interiorizado la importancia de hábitos saludables y la importancia de prevenir enfermedades acudiendo a revisiones periódicas; estamos hiperconectados, lo que significa que tenemos el poder de democratizar la información, denunciar injusticias de forma pública y conseguir nuestras propias herramientas para alcanzar objetivos; reconocemos nuestra individualidad fuera de la masa y somos más tolerantes con personas que piensan o viven de una forma alternativa a la nuestra; somos globales, sabemos idiomas y nos gusta movernos fuera de nuestro cascarón; tenemos muchas aspiraciones y somos más emprendedores que nunca.

No voy a disculparme por ser ni millenial ni por no saber revelar una foto con químicos. No somos perfectos y seguimos teniendo problemas contra los que luchar, pero basta de cinismo. Quien quiera puede volverse a la era pre-internet, pero nosotros seguiremos aquí, guste o no.