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«Cancelar» actitudes
...y los gatos tocan el piano

«Cancelar» actitudes

Sábado, 25 de mayo 2024

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La sociedad grancanaria, al menos la parte femenina, se ha visto sacudida esta semana por dos noticias que afectan directamente a la convivencia. Por un lado, la del músico y 'alma mater' del proyecto musical Fábrica La Isleta, del que hemos sabido que tiene dos condenas por violencia de género. Y, por otro, el de un policía de Agaete que, aunque cumple condena también por violencia machista, en este caso acoso en el ámbito familiar, y lleva un dispositivo telemático para que no se acerque a la víctima, accede a puestos superiores y porta un arma como si nada.

Que algo ha cambiado en la sociedad para que hoy estos casos lleguen a conocimiento público es obvio. Pero que no es suficiente, también. Ninguno de los dos son presuntos, dado que tienen una condena, pero ambos se han despachado a gusto diciendo que la aceptaron. En un caso para ver a su hija y en otro, para que no le influyera en su trabajo. Pero no, señores, no. Un padre maltratador no es un buen padre, como ya se han hartado de decir las juristas. Y un maltratador no puede ser quien esté a cargo de velar por la seguridad de la ciudadanía, máxime cuando en concreto se dedica a «proteger» a víctimas de violencia machista. El clásico de poner al lobo a cuidar de las ovejas.

Reconocer, como no puede ser de otra manera, la presunción de inocencia y el derecho a la reinserción, no significa que se renuncie al derecho a que se haga justicia con las víctimas y se les repare el dolor, y tampoco a señalar al victimario porque en estos dos casos concretos, en la pena no iba la condena, porque ambos andaban como si nada tuvieran que enmendar. El primero recibiendo dinero público como enésimo gurú que trae la cultura al pueblo, cultura que a él no le sirvió para ilustrarse en los derechos de las personas. Y el segundo, con aspiraciones a convertirse en alto mando de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Decía alguien el otro día que se había instalado la «cultura de la cancelación». Trayéndolo al caso, efectivamente se ha reclamado «cancelar» al músico de la agenda de personas a las que se les da dinero público para llevar a cabo una actividad, y se ha «cancelado» al policía al apartarlo de la jefatura accidental con la que aspiraba a quedarse de forma permanente. Los griegos llamaban a esto la condena de ostracismo, y a eso se arriesgan los que se dedican a complicar la vida de los demás.

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