Tribuna libre

Luces que alumbran el futuro

El pasado viernes el Cabildo de Gran Canaria convocó a la sociedad de nuestra isla para hacer entrega de sus honores y distinciones anuales. Se trata siempre de un encuentro que mira al pasado, porque nos recuerda, en este caso, los 105 años de existencia de nuestra institución, pero es también, sobre todo, un compromiso de futuro revitalizado con la experiencia y las enseñanzas de una historia fecunda. Este acto es siempre un motivo de alegría. Lo es porque la isla se encuentra consigo misma y tiene la oportunidad de valorar sus avances, sus conquistas, los objetivos que la engrandecen y la proyectan hacia la integración y el progreso. Pero sobre todo porque ponemos cara a esa realidad plural, innovadora, comprometida, esforzada y solidaria que es nuestra sociedad y que se visibiliza en las personas galardonadas. Existen motivos para la celebración. Las personas y organizaciones que reconocemos representan lo mejor de nuestra sociedad, alumbran el camino y transmiten el mensaje esperanzador de que en nuestra tierra son posibles grandes creaciones y disfrutamos de oportunidades para hacerlas posible.

Festejamos en este acto, efectivamente, el aniversario de la creación del Cabildo de Gran Canaria, la institución que asumió el liderazgo de nuestro territorio y de nuestra sociedad insular. Y nació consciente de una realidad y de una raíz isleña, con la frontera natural del océano. Aquí cualquier destino es posible en nuestro horizonte, como indicara el profesor Manolo Alemán para reivindicar nuestra capacidad como pueblo, de crear y ser libres.

El Cabildo de Gran Canaria surge como fruto de una larga lucha social que exigía el gobierno de cada isla, frente al acaparamiento de los recursos del conjunto del Archipiélago en beneficio de una minoría, impidiendo el desarrollo de las potencialidades del resto. La necesaria descentralización será una lucha constante en la memoria de nuestra gente. En unos casos ante el olvido del Estado y en otros frente a egoísmos insulares.

Nuestra historia, antes y después de la creación de los Cabildos Insulares, ha estado marcada por una lucha permanente por la libertad, el progreso, la cultura y el autogobierno, para poder gestionar nuestro presente y nuestro futuro. Y a pesar de lo justo de la demanda, han sido breves o difíciles los periodos históricos en los que la isla ha podido ejercer estas reivindicaciones sin cortapisas y sin condiciones. Lo que hoy somos se ha gestado durante siglos de creación, de lucha, de ingenio, de adaptación, de conocimiento, de esfuerzo. Y el sabernos herederos de un patrimonio colectivo nos hace más responsables de conservarlo y acrecentarlo. Formamos parte de una gran familia que reconociendo el territorio maravilloso donde nos asentamos ha creado las condiciones necesarias para vivir con dignidad, logrando y afianzando hitos históricos a lo largo de nuestra historia que necesariamente tengo que seleccionar y sintetizar.

Heredamos una cultura aborigen, la más avanzada de nuestro entorno, que alumbró una organización social y económica original legándonos un patrimonio cultural y etnográfico de valor universal. Cuando hablamos de la Cueva Pintada, de la Fortaleza de Ansite, de Balos, del Cenobio de Valerón o de Cuatro Puertas, hablamos de Gran Canaria. Esa riqueza forma parte de nuestra identidad y en ese convencimiento trabajamos para el reconocimiento de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria como patrimonio de la humanidad. Nos aportaron un amplio bagaje de experiencias y conocimientos y nos siguen trazando ahora posibilidades de futuro.

Después de la conquista, nuestra sociedad participa de los primeros pasos de la sociedad renacentista española y europea que quiere desbordar los límites del continente. En ese escenario surge la figura de Cristóbal Colón y toda la atención centrada en el Mediterráneo se traslada hacia el llamado ‘mar tenebroso’, hacia el sonoro Atlántico. Y Gran Canaria se convierte en la plataforma de la era de los descubrimientos. Entendemos así mejor que nuestro carácter vanguardista y multicultural nos viene de ser adelantados de los nuevos tiempos y del nuevo mundo.

El Real de las Tres Palmas, origen de nuestra capital, creó el modelo de la plaza mayor que se instauraría en Hispanoamérica. Nuestro casco histórico sirvió de modelo para las nuevas ciudades americanas. Y después, el 20 de diciembre de 1494, fue reconocida la lejanía geográfica de este territorio con la concesión del Fuero Real. La primera autonomía fiscal otorgada más allá del continente. Y en la configuración del poder insular tiene gran importancia que se cree por Carlos I, en Las Palmas de Gran Canaria, en 1526, la Real Audiencia de Canarias: un tribunal con competencia en todas las islas para causas civiles y criminales. Supone el afianzamiento de la autoridad regia en el Archipiélago y define el papel central de nuestra isla en la estructura política de Canarias. La colonización y la conquista de América impulsaron la puesta en producción de los recursos de Gran Canaria. Pero también atrajo la atención y la ambición de otras potencias como el caso de los ataques de Hawkins, Drake y Van der Does cuyas flotas tuvieron más éxito unidas en los combates contra la Armada Invencible, pero vivieron la derrota en Gran Canaria en los enfrentamientos bélicos más importantes producidos en las Islas Canarias por el número de tropas movilizadas.

Ante los ataques de piratas, las plagas, temporales o epidemias, quedaba la diáspora o la resistencia del grancanario, dando carácter y personalidad al isleño con su lucha contra el subdesarrollo que tan bien novelan Domingo J. Navarro en ‘Recuerdos de un noventón’, o Pancho Guerra...quien nos recuerda que las devociones isleñas tenían como principal objeto superar la falta de justicia del poder central que provocaba las grandes tribulaciones insulares.

Muy pronto entendimos en Gran Canaria que nuestro futuro estaba ligado a la libertad comercial y a unas condiciones singulares que no podían asociarse a las que se utilizaban en el continente. Así se consiguió El Reglamento Real de 1718 que liberalizó las relaciones comerciales entre Canarias y América e incluyó la obligación de llevar 5 familias canarias al Nuevo Mundo, por cada cien toneladas de mercancías exportadas. Los costos familiares que esta imposición tuvo, abrió el camino para la institucionalización del uso de emigrantes canarios en el poblamiento de América.

La historia de Gran Canaria se acelera en el siglo XIX, con la aprobación de la Ley de Puertos Francos de 1852. La nueva situación nos permitió aprovechar nuestra posición estratégica para convertirnos en enlace necesario entre tres continentes. Poco tiempo después se inicia la construcción del Puerto de La Luz en 1883. Se evidencia un rasgo de nuestro carácter, sabemos aprovechar las oportunidades que la historia y el territorio nos ofrece. Surge una burguesía comercial que acompaña al protagonismo agrario que existía hasta entonces.

La crisis de la cochinilla alrededor de 1880 produjo la emigración en masa de las clases populares canarias a América, en especial a Cuba, generando la especial relación socio-cultural de ida y vuelta con aquellos países. Esta circunstancia la incluyo en este relato para recordar que nuestros éxitos no han sido gratuitos sino que han venido después de luchas dolorosas donde los sectores más desfavorecidos han pagado un precio muy alto. Pero también para comprender que América ha sido de siempre la hermana grande que nos acogió en momentos de dificultad.

Cuando tuvimos ordenada nuestra realidad económica, llegamos al siglo XX que nos ofrece decisiones políticas trascendentales para convertirnos en una sociedad democrática y moderna. El siglo se inaugura en 1912, como ya he comentado, con la aprobación de la Ley de Cabildos. La acertada propuesta del político majorero, Manuel Velázquez, se plantea en una etapa en la que la población de las islas clamaba por su autogobierno para desarrollar todas sus capacidades e iniciativas.

El Cabildo acercó el gobierno a la ciudadanía y esa experiencia de éxito y la comprobación de un centralismo injusto, alentó la demanda de la división provincial que finalmente se consiguió en 1927. Este periodo debe servirnos para aplicar sus enseñanzas al momento que vivimos. Los grancanarios somos esforzados y solidarios, pero por la misma razón no admitimos arbitrariedades, desequilibrios o utilización de nuestro trabajo para consolidar privilegios que perjudiquen a miles de personas que necesitan esos recursos para vivir con dignidad. Y si el Cabildo de Gran Canaria hace 105 años nació para ser el gobierno que defienda a todos los grancanarios, hoy ratificamos solemnemente aquella promesa.

Y lo decimos con fuerza quienes creímos que con la aprobación del Estatuto de Autonomía en 1982, se superaban las fracturas que la historia nos había producido. Fue un paso decisivo, pero no siempre se ha gobernado con mesura y con equilibrio. Es tiempo de reconducir los errores para alumbrar una Canarias unida donde todos nos podamos sentir reconocidos y respetados.

Las personas e instituciones reconocidas con los honores y distinciones representan el valor, el esfuerzo y la vitalidad de nuestra sociedad isleña. Su lucha incesante contra las dificultades que nos preocupan, pero que se pueden afrontar desde la unidad con el convencimiento de que nuestra historia ha sido de superación constante. Confiamos en la canariedad integradora y solidaria que nos permita situar a nuestro pequeño territorio como escenario decisivo en momentos determinantes de los hitos que asombraron al mundo. Nos cabe el orgullo de ser el nexo entre Europa y las Américas o el primer sitio al que llegó la voz humana desde la luna hace casi 50 años, con esa metáfora del pequeño paso para el hombre que ha transformado la Humanidad.

A lo largo del tiempo, los grancanarios y grancanarias hemos vivido solidariamente la transformación de nuestra isla. Con tenacidad, talento e innovación hemos alcanzado unos niveles de desarrollo extraordinarios y que queremos mantener en una isla sostenible, en una isla del conocimiento y de la igualdad. Ha sido un logro común, con implicación de colectivos sociales, organizaciones empresariales, instituciones educativas, movimientos artísticos y culturales. Todos nos reconocemos en el progreso de Gran Canaria. Y al lado de la sociedad, siempre presente, la Corporación Insular que tengo el honor de presidir, apoyando las iniciativas y desarrollando políticas para garantizar el bienestar de nuestra población, su seguridad, su calidad de vida y la planificación de su futuro. El fruto de estos más de cien años de presencia del Cabildo lo comprobamos en las infraestructuras y propuestas creadas que son base del progreso económico y social. Una de sus señas de identidad es su preocupación por reforestar y reverdecer la Isla. Pero la naturaleza tiene alma y ésta se encuentra en el agua. Lo hemos comprobado estos días que se nos iluminaba la cara al ver llenarse nuestras presas. Por ello el Cabildo ha desarrollado progresivamente una de las mayores redes en el mundo de infraestructuras hidráulicas. Las presas hoy día son indispensables junto a las potabilizadoras para garantizar nuestra apuesta por la sostenibilidad y convertirnos en el gran jardín de la Macaronesia, tal como soñaran Sventenius, Gunther Kunkel, David Bramwell o Jaime O’Shanahan. También ha apostado desde siempre por el desarrollo del sector agropecuario, promoviendo los primeros centros de formación e investigación, la primera red de refugios pesqueros... O por infraestructuras sanitarias punteras...

Pero esta realidad no sería posible si no fuera por el impulso de nuestra sociedad. Una comunidad que ha logrado su libertad comercial, la capitalidad, los Puertos Francos, su Cabildo, la provincia, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, la Escuela Luján Pérez, el Museo Canario, el Gabinete Literario, ser vanguardia turística, rebelarse cuando fuera preciso como cuando el Motín de Agüimes que cumple este año su 300 aniversario...

Y así, un largo etcétera de iniciativas fruto de nuestros ilustres isleños e isleñas, con actuaciones tan sorprendentes como la revolución turística de los hermanos Martín-Fernández de la Torre...Por ello mantenemos el espíritu de aquellos grancanarios y grancanarias que han representado a nuestra isla en el mundo, con figuras tan destacadas como Benito Pérez Galdós, León y Castillo, José Franchy y Roca, Tomás Morales, Rafael Guerra, Alonso Quesada, Juan Negrín, Josefina de la Torre, Manolo Millares, Lola Massieu, Alfredo Kraus, Chona Madera, Martín Chirino, Concha Jerez...

Y nosotros, este Gobierno insular, tiene el honor y el deber de continuar esa labor en esta tierra de oportunidades, en este pequeño Continente, como lo bautizara hace un siglo Domingo Doreste. Estamos comprometidos en el desarrollo de la ecoisla que avance hacia la soberanía energética, alimentaria y medioambiental. En un desarrollo sostenible ecosocial. Porque esa transformación de Gran Canaria requiere justicia social. No podemos vivir tranquilos mientras miles de compatriotas vivan en la pobreza o en la exclusión. Creemos que las administraciones públicas deben dinamizar la economía para favorecer la redistribución de la riqueza. Y la cultura, el conocimiento, la igualdad de género que demandan miles de mujeres en la calle... Como nos dice el poema de Agustín Millares Sall titulado Mano a mano con el pueblo, que nos invita a mantener el «mensaje que trae el viento del rincón más olvidado».

Reconocerán conmigo que vale la pena continuar el camino. Como han hecho a lo largo de la historia tantos grancanarios y grancanarias comprometidos, luchadores, defensores de su isla. Debemos dejar de lado la apatía, los entreguismos irresponsables, los intereses particulares que sacrifican a los colectivos y renovar las ganas, la ilusión y el compromiso que me expresaba un pastor el otro día en la cumbre: «hemos vivido aquí más de mil años y tenemos que hacer posible que podamos hacerlo al menos otros mil años más...» Los animo a no desfallecer hasta que alcancemos el Nublo, ese Nublo mítico que cada uno de los grancanarios llevamos en el corazón.

Antonio Morales Méndez