Primera plana

Los recelos del Gobierno

11/01/2020

Pedro Sánchez le da una bofetada política a Pablo Iglesias al originar una cuarta Vicepresidencia de manera inesperada y que no entró en el pacto, ni siquiera se lo comentó con anterioridad uno al otro aunque fuera por guardar las formas y cumplir ese protocolo interno creado para dirimir diferencias. Hechos consumados. Es la manera de Sánchez de diluir el rol político de Iglesias y restarle notoriedad. Un cerco, el primero, que le impone al PSOE a Podemos. A Iglesias no le queda otra que callarse y digerirlo, demasiado pronto para protestar. Pero el líder de Podemos toma nota y antes o después pasará factura. Si se mantiene impasible y no marca distancias periódicamente con respecto al PSOE, acabará pagándolo electoralmente. Él lo sabe. Combatirá el fantasma de un Podemos sujeto y domesticado por Sánchez que, a estas alturas, se constata que teme políticamente a su vicepresidente del Gobierno de coalición.

La Moncloa quiere que los ministros no opinen públicamente de asuntos que no les compete directamente. Misión imposible. Especialmente, cuando se trate de temas de relevancia de los que enseguida se querrá saber qué piensa el PSOE y Podemos respectivamente. Habrá más choques. De momento, ya tenemos el primero de la cuarta Vicepresidencia. Pero no es un buen comienzo que Sánchez lo hiciera sin trasladarlo previamente a su socio. Se anotan los resquemores. Y si esa tendencia crece será peor para los dos partidos. La suerte del Ejecutivo será también la de sus integrantes. Y las derechas esperan su oportunidad.

«La Moncloa quiere que los ministros no opinen públicamente de asuntos que no les compete directamente. Misión imposible. Especialmente, cuando se trate de temas de relevancia»

Se otea elecciones en Cataluña y Galicia. Será la primera prueba para testear cómo llegan ambas formaciones a la cita tras la firma del acuerdo. Lo de la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, seguimos aún con los de Cristóbal Montoro, es harina de otro costal. Depende de ERC que, a su vez, observa cómo su líder sigue en prisión mientras el Tribunal Supremo y la justicia europea mantienen un duelo soterrado a cuenta de su inmunidad ignorada como europarlamentario.

La vorágine de actualidad política es inmensa. Incluso, se atestigua que los propios protagonistas son superados por los acontecimientos. No diseñan estrategias sino si acaso originan cortapisas y zancadillas para sortear los recelos mutuos. Y el PSOE los tiene hacia Podemos. Nada sorprendente cuando Ferraz intentó en 2019 comerse electoramente a Podemos forzando los comicios generales. Y el mismo Sánchez en una entrevista en La Sexta confesó que no podría dormir tranquilo teniendo miembros de Podemos en su Gabinete. Por no hablar del veto que le impuso a Iglesias y que este reaccionó echándose a un lado para no ser obstáculo a la alianza. Aquello descolocó al PSOE como ahora a Podemos la cuarta Vicepresidencia. La pugna, aunque fuera de guante blanco, entre Sánchez e Iglesias dará que hablar. No se ha conformado el Gobierno y el mandamás socialista le asesta el primer golpe político. Mal precedente.