PSICOGRAFÍAS

Los pecios olvidados

Todo aflora. Da lo mismo que no llegues a verlo. Los recuerdos olvidados, los amores presentidos, los miedos infundados y también los objetos perdidos que solo encuentras cuando dejas de buscarlos. Todo reaparece cuando menos lo esperas, cuando ya te creías a salvo de alguna trastada o cuando la melancolía aliquebraba tu ánimo por el placer recordado que ya cantaba Manrique hace quinientos años.

También afloran papeles reales o virtuales con cuentas corrientes en paraísos fiscales, dineros turbios y sobresueldos. Pero de repente eso que aflora se vuelve a sepultar bajo la tierra como si todo hubiera sido un mal sueño, una de esas pesadillas que nos desvelan en la madrugada y que olvidamos al día siguiente, como mismo olvidamos los bellos sueños que a veces nos acercan al Séptimo cielo.

Apenas nos dieron tiempo de memorizar un par de nombres y dos o tres de esas trapisondas con blanqueamientos, fraudes fiscales y esa codicia casi caníbal del que más tiene y siempre pide más madera y más parné para sus cuentas opacas del extranjero. Claro que todo queda en buscadores y hemerotecas, pero no te dejan tiempo para volver al pasado. Los que quieren que olvidemos no dejan de generar contenidos y escándalos nuevos, esa tinta de calamar de lo que hoy es importante y en un par de meses apenas recordaremos, o lo rememoraremos desde la confusión y el olvido, como si fueran recuerdos lejanos de infancia, o como esos sueños de la madrugada que jamás existieron. Todo aflora, pero para volver luego a hundirse como esos barcos olvidados en el fondo de todos los océanos. Si acaso nos queda un burbujeo de datos en nuestros cerebros, el eco abisal que dejan los pecios entre los corales y la arena que ensombrece la herrumbre de todo lo pasado.