Primera plana

Los números del tripartito

03/02/2020

Cataluña y Andalucía fueron siempre los graneros electorales que sustentaban los triunfos del PSOE tanto en época de Felipe González como de José Luis Rodríguez Zapatero. Las circunscripciones catalanas eran el estímulo para que el centroizquierda alcanzase el poder al tiempo que trataba de manejar aquella España plural formulada por Zapatero. Tanta era esa conexión en términos electorales cuando se trata de comicios generales, que basta con observar incluso los apoyos que el PSOE logró en 1996, cuando la caída de González de La Moncloa, con su dulce derrota y amarga victoria de José María Aznar. Entonces González obtuvo en Cataluña un 39,36% de los votos (quedando como primera fuerza) a diferencia del conjunto nacional donde recogió un 37,63%. Sin embargo, hoy por hoy, con Vox campando a sus anchas demoscópicamente en tierras andaluzas y con un horizonte catalán, si es que se da, donde el PSC quede supeditado a una Presidencia de ERC, ¿qué expectativas le quedan al PSOE a medio plazo en el ámbito estatal?

Pedro Sánchez se juega todo a una carta: que la noche electoral próxima en Cataluña sea posible tras el recuento un tripartito entre ERC (liderándolo), el PSC y la marca catalana de Podemos. Ahora bien, puede darse como no. Y prueba de ello es la encuesta, realizada por GESOP, que este fin de semana publicó El Periódico, donde las horquillas a afectos del mencionado tripartito reflejan escenarios muy justos. De tal manera, que por un escaño arriba o abajo puede consolidarse la ansiada fórmula de ERC y Sánchez o, por el contrario, resultar un fracaso. Recordemos que es preciso sumar 68 escaños para albergar la mayoría absoluta en la Cámara catalana. La cabecera arroja los siguientes datos: ERC 33-34, JxCat 29-30, CUP 8-9, Podemos 11-12, PSC 22-23, Ciudadanos 16-17, Vox 6-7 y PP 5-6. A esto hay que añadirle que en los sondeos, por lo general, se detecta por último que JxCat ha ido reduciendo las distancias con ERC que ya no ganaría con la holgura con la que presumía hace unos meses. El mitin que se celebrará el 29 de febrero en la ciudad francesa de Perpiñán para darle un multitudinario recibimiento a Carles Puigdemont, será fundamental para calibrar los ánimos de la campaña electoral que encara Cataluña.

«Los resultados del 10N en el conjunto de Cataluña van en la dirección de una pérdida de votos de ERC, el PSC y Podemos con respecto al 28A»

Aunque cada cita con las urnas es distinta, y no puede compararse estrictamente una convocatoria nacional con otra autonómica, los resultados del 10N en el conjunto de Cataluña van en la dirección de una pérdida de votos de ERC, el PSC y Podemos con respecto al 28A, a diferencia de JxCat que aumentó un escaño pasando de 7 a 8 (13,68%). En concreto ERC descendió del 24,61% al 22,56% (la CUP, contradiciendo su norma, decidió presentarse), el PSC bajó del 23,21% al 20,51% y Podemos mermó del 14,85% al 14,18%.

En resumen, el tripartito no está asegurado. Y por eso todo movimiento por los diversos actores será decisivo para determinar el tablero. Quim Torra y Puigdemont tratarán de relucir las contradicciones que subyacen en el intento de ERC por acercarse al PSOE, visualizando que el recorrido de la mesa de negociación pactada es escaso. Es lo que Torra venderá ante los medios de comunicación después de reunirse este jueves con Sánchez en Barcelona.

Gane ERC o JxCat el pulso dentro del bloque independentista, antes o después toparán sus postulados de máximos con el PSOE: la unidad territorial es la que es y Ferraz no puede permitirse una consulta que vaya más allá de admitir la condición de Cataluña como nación. Si es que el PSOE cede. Y, pese a todo, este avance puede desgarrar internamente al centroizquierda.

ERC se cuidará mucho en respaldar los Presupuestos Generales del Estado de Sánchez y Pablo Iglesias por aquello de no quedar luego en la estacada. Por lo que numerosas contrapartidas tendrá que cosechar ERC, que pueden afectar a las arcas públicas del resto del país, para arriesgarse a dar oxígeno político a la debilidad parlamentaria de Sánchez y pueda este, al menos, estirar un par de años su estancia en La Moncloa.