Y los gatos tocaron el piano...

Los impuestos

14/07/2019
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Entre el comunitarismo y el ultraliberalismo hay muchos matices que escapan a quienes ocupan posiciones privilegiadas. Le pasa al tertuliano exitoso que ve cómo su cuenta bancaria aumenta al ritmo de sus colaboraciones mediáticas hasta que llega Hacienda y le «quita» una buena parte. O al emprendedor de toda la vida que rapiña salarios y aumenta horas no remuneradas para mejorar la cuenta de resultados. También lloriquea porque el fisco le «roba» lo suyo.

Es la tensión habitual entre el individuo (léase hombre blanco heterosexual) y la sociedad. Una tensión que se pretende escorar hacia la individualidad asimilándola a la libertad, obviando que nadie nace criado y con una profesión bajo el brazo, que las carreteras, las escuelas, los hospitales o los centros de día no caen del cielo sino que requieren contribuyentes.

Para eso son los impuestos, unas veces indirectos, como cada vez que compramos cualquier cosa, desde alimentos a un paquete de compresas, desde colonia a un tornillo. Otras, directos, modalidad de la que una parte de la sociedad queda liberada dado sus escasos ingresos.

Dice el presidente del Círculo de Empresarios, Mario Romero Mur, que el nuevo Gobierno canario es «comunista» y «de extrema izquierda» y que las medidas que ha anunciado el presidente electo, Ángel Víctor Torres, en su discurso de investidura conllevarán una subida de impuestos. Efectivamente, abrir los comedores escolares en verano cuesta dinero. Implantar la renta básica -la «sopa boba» que diría el ultraliberal- cuesta dinero. Cuidar a las personas mayores, a las dependientes o adaptar la ciudad para las personas con movilidad reducida cuesta dinero. En cambio, implantar la ecotasa, como ya funciona en muchos países como Francia o Portugal, no influye en el turismo.

Toda bajada de impuestos, como la pregonan PP y Ciudadanos, se vende bastante bien entre la gente desinformada. Bajo el eslogan «donde mejor está el dinero es en el bolsillo del ciudadano» se vende la idea de que la sociedad va a permanecer igual mientras cada uno de nosotros podrá comprar algunas chucherías más. Esa es la idea genial con la que juega Romero Mur, por la que lo único que necesita el ciudadano es pasarse un fin de semana en el sur consumiendo, mientras el 40% de nuestra ciudadanía está al borde de la pobreza. Es lo que tiene el emprendedor moderno: que emprende hacia todas partes menos hacia el horizonte moral.