Cuentos Chinos

Los atascos dan la razón

27/09/2019

Llevo muchísimos meses escuchando voces críticas sobre el papel de los carriles bici en Las Palmas de Gran Canaria. Que si están mal colocados, que si el color es horrible y genera un impacto visual altamente contaminante, que si son demasiado grandes o demasiado pequeños, que si generan más atascos, no los usa nadie o que han eliminado los pocos aparcamientos que quedaban en la ciudad. Todo esto por poner algunos ejemplos de las decenas de críticas que he recibido por la implantación de estos carriles en la urbe. Y me llegan, sobre todo, porque desde siempre me he declarado un firme defensor de una ciudad en la que la movilidad se tiene que transformar hacia un transporte público efectivo y rápido conviviendo de forma pacífica con el uso de vehículos como bicicletas, patinetes y demás familia.

«Con el tiempo, el ciudadano deberá darse cuenta de lo perjudicial que es el uso indiscriminado del coche»

Todo esto lo planteo de forma genérica, porque también soy consciente de que mi tesis es aún utópica hasta que no se consiga subsanar el problema logístico existente entre la parte baja y alta de la ciudad ya que no me imagino subir la avenida de Escaleritas, la cuesta de Mata o el Barranquillo de Don Zoilo para ir a trabajar o de regreso tras una agotadora jornada laboral... Pero días como los de ayer me invitan a pensar que tenemos que ir cambiando el chip.

Las Palmas de Gran Canaria volvió a vivir una enésima tarde de caos circulatorio en la principal vía de comunicación que es la Avenida Marítima por, hablando mal y pronto, dos chorradas como son una avería sin más de un camión y un pequeño accidente sin consecuencias. Dos cuestiones que pasaron de ser meras anécdotas a transformarse en las causas de un colapso total. Los conductores tardaron horas en recorrer apenas tres kilómetros, tanto en sentido norte como sur por esta incidencia y mi pregunta es... ¿cuánto tiempo hubiesen invertido en ir de Belén María a Torre Las Palmas –por ejemplo– en bici o patinete? Pues segurísimo que mucho menos y más ahora con la seguridad y protección que aportan los carriles exclusivos para este tipo de vehículos. Además, hubiesen ahorrado en aparcamiento y gasolina. Está claro que todo lleva su tiempo y que esta ciudad no se transformará del día a la noche en Amsterdam, donde hay más bicicletas que coches. Pero con el tiempo, el ciudadano deberá darse cuenta de lo perjudicial que es el uso indiscriminado del coche, con miles de vehículos, por poner un ejemplo, ocupados por una sola persona los mismos días a las mismas horas.

El tiempo, o la MetroGuagua, dará o quitará razones pero, por lo pronto, a seguir tragando atascos.