Del director

Lo que se juega CC en Madrid

08/12/2019

El sentido del voto de Coalición Canaria en el pleno de investidura de Pedro Sánchez tiene un valor que va mucho más allá de la matemática para elegir presidente. Es más, salvo combinaciones bastante rocambolescas, no parece que el voto de Ana Oramas vaya a ser trascendental. Quizás pudiera serlo porque si echa por tierra la posibilidad de la investidura y condena a España a nuevas elecciones, ella y su partido podrían ser los principales perjudicados, pues se arriesgan a perder el escaño conseguido el 10 de noviembre.

Digo que tiene un valor más allá de lo que pase con Pedro Sánchez y su investidura porque todo el discurso que justificó la confluencia electoral de CC y Nueva Canarias puede quedar hecha añicos si Oramas se aferró a aquello que dijo cuando se sintió Escarlata O’Hara y juró que nunca apoyaría un Gobierno con Podemos en el Consejo de Ministros. El argumento principal de la unión electoral de los dos nacionalismos canarios fue que había que tener presencia en Madrid y administrarla a favor de los intereses isleños por la vía de conseguir acuerdos con el gobernante. La tesis valía por igual mandase quien mandase, de manera que uno se pregunta si es que Oramas no compartía esa confluencia con NC. Y si así fuera, quizás lo que debió hacer la veterana política tinerfeña fue apartarse y dejar el número uno en la lista a alguien de su partido a quien no le hiciera ascos compartir protagonismo con Pedro Quevedo y, sobre todo, hoja de ruta con la dirección de su partido.

Porque esa es otra derivada del asunto: ¿está ahí Oramas para mantenerse en sus trece o para hacer caso a su partido? ¿O es Barragán quien debe dimitir por la incapacidad de poner orden en el patio en que se ha convertido CC? Así las cosas, tiene mal arreglo el asunto porque mañana empieza el desfile de políticos ante el rey en la tradicional ronda de consultas y ahí ya toca retratarse. Siempre queda una opción in extremis, que pasaría por una abstención de Oramas y un voto favorable de Pedro Quevedo, pero entonces ese discurso conjunto de CC-NC quedaría igualmente debilitado, porque si de verdad creían en una «sola voz canaria», no puede ser que haya dos tonalidades, o que una afine perfectamente y la otra desafine intencionadamente.

Oramas está en su derecho de hacer lo que considere con su voto pero quizás debió pensar primero si se sentía a gusto en la confluencia electoral. Y CC también reflexionar al dar ese paso si Oramas era la candidata ideal para el inicio de esa singladura con el otro nacionalismo canario que representa NC.