La lista más votada

Lo que subyace es la convicción de que hay que regresar al bipartidismo

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Es una especie de mantra que se escucha cada cierto tiempo, sobre todo en los foros madrileños: «Que gobierne la lista más votada». Y lo dicen como si fuera algo de lo que no hay precedentes, cuando no es así. No hay más que mirar hacia los cabildos, donde la ley fija que el presidente es el número uno de la lista más votada... otra cosa es que no tenga mayoría suficiente para gobernar y sea destronado a las primeras de cambio, como ha sucedido en varias ocasiones (véase Fuerteventura en este mandato y pregúntese, por ejemplo, a José Manuel Soria en el Cabildo grancanario).

Alberto Núñez Feijóo ha rescatado ahora la propuesta de una especie de pacto entre caballeros para que el poder ejecutivo recaiga por sistema en la lista más votada, aunque no cuente con mayoría absoluta en el pleno. Una propuesta que nace, sin embargo, con limitaciones, pues el PP gobierna en varias plazas sin haber sido el más votado, de manera que suena sobre todo a un planteamiento diseñado para cuando lleguen las elecciones generales.

Si vamos a la esencia, cabe preguntarse por qué la lista más votada y por qué no se asume que hay otro bloque, que sí es mayoritario, que representa, por tanto, a mayor número de ciudadanos. Es decir, la teórica oposición estaría incluso más legitimada en términos más democráticos / cuantitativos para gobernar. Otra cosa es que no consiga ponerse de acuerdo. Y esto es lo que nos lleva al elemento clave: los ciudadanos eligen a unos representantes, que están obligados a dialogar entre sí cuando no hay mayoría absoluta. Esa sí es la esencia de nuestro modelo democrático. Hay otros esquemas en los que priman las mayorías, pero porque lo tienen así reglado. En el británico, por ejemplo, el diputado electo por la circunscripción puede serlo por un simple voto de diferencia, pues no hay un reparto proporcional que busque la pluralidad. Si el PP quiere cambiar nuestra arquitectura democrática y reinventarla, está en su derecho de plantearlo, pero si lo dice abiertamente será de agradecer. Yasumiendo que sería una regla a aplicar en todas las administraciones, y no solo en la que teóricamente beneficiaría al candidato Feijóo.

Lo que subyace es la convicción de que hay que regresar al bipartidismo. El decimonónico y el de los inicios de la presente andadura constitucional. Pero resulta que hace ya unos años que los electores decidieron que el abanico parlamentario fuese más plural y eso no es, per se, ni mejor ni peor:es sencillamente decisión soberana de los españoles.