Tribuna libre

Libertad de expresión

18/04/2019

En los últimos días hemos podido ver cómo un grupo de personas trataba de impedir la celebración de actos políticos, a empujones de una marabunta que impedía el acceso a la Universidad, rodeando el lugar en cuyo interior se celebraba el acto para a la salida increpar, insultar, escupir y fotografiar a los asistentes o una cacelorada que dificultaba escuchar a los intervinientes.

Estos gravísimos hechos no son más que la consecuencia de la formación en el desprecio a las ideas ajenas y la intolerancia -si no estás conmigo estás contra mi-.

Han intentado impedir que alguien pudiera hacer uso de su libertad de expresión, recogida como derecho fundamental en el el Art. 20 de la Constitución, quizás la más importante de todas las libertades. Si no podemos expresar lo que sentimos o pensamos ¿cómo vamos a entendernos?, ¿cómo será posible elegir en libertad las opciones que la vida o la política nos ofrece?

Enormes fueron los sacrificios de muchos durante años para lograr que España sea un país democrático, moderno, acompasado con su entorno geográfico, en el que la libertad sexual, de credo... fueran una realidad, pero ahora nos encontramos en ese punto en el que unos pocos -cada vez más numerosos- pretenden impedir a otros expresar lo que piensan sobre la cosa política.

Asisten impasibles a esta situación algunos demócratas porque consideran que los reprimidos no merecen exponer sus ideas por trasnochadas o sectarias. Equivocan su posición porque un demócrata defenderá siempre que cualquier ciudadano pueda expresar sus ideas aunque sean contrarias a las suyas, al tiempo que luchará porque en las urnas las propias obtengan más apoyos que las de otras formaciones políticas. Si no permites la expresión libre de las ideas algún día te puede pasar a ti, a lo largo de la historia de la humanidad hay muchos casos.

Es un grave error intentar acallar las voces que promueven ideas distintas -aunque pensemos equivocadas- pues no van a desaparecer. Simplemente buscarán la manera de sobrevivir sottovoce convirtiéndose en un movimiento indetectable, con un halo de revolución y la mística de lo prohibido, lo distinto, atractivo por estas razones para muchos sin valorar los principios que defienden. Si tan nocivas son las ideas que promueven no será mejor permitirles que las expongan para que los ciudadanos puedan observar, comparar y elegir -con su propio criterio, y no con el que decidan unos interesados dirigentes políticos-.

Si alguien piensa distinto a mi quiero saberlo para poder exponerle mi punto de vista, pero también quiero que me exprese el suyo, con absoluta libertad, sin sentirse intimidado, y esto sirve para lo individual y lo colectivo, para lo privado y para lo público.

Debemos defender la libertad de expresión en todos los ámbitos de nuestra vida, solo así las personas seremos libres para tomar las decisiones que afectan a nuestras vidas.