Papiroflexia

Las imágenes de migrantes muertos

07/11/2019

Las concertinas son antitrepa, los diques más largos, las plantillas de las fuerzas de seguridad se incrementan, los acuerdos económicos con los vecinos para que impidan la entrada se aumentan, el nivel de exigencia de Europa para que las fronteras no se vulneren se extrema, la amenaza terrorista es una realidad, la del contagio de epidemias también. Todas las medidas se implementan. La mayoría trata de entrar en España, muchos desde el archipiélago, saltando las vallas fronterizas o embarcados en pateras, balsas de juguete o simples flotadores.

Es cada vez más evidente que ni la ingenuidad ni la temeridad, ni siquiera la compasión es la solución. Mirar para otro lado tampoco. Sobre todo cuando llegan a nuestras costas, a los lugares donde veraneamos, y no es posible cambiar de canal. Siempre surge el debate: ¿Dónde está el límite entre información y pornografía, entre aldabonazo a las conciencias y regodeo en el dolor? Por muy crudas que nos parezcan, incluso con el riego de caer en el sensacionalismo, hay fotos que son necesarias. Que se deben publicar aunque nos golpeen en el estómago. Como las de mi compañero José Luis Carrasco en la costa de Lanzarote tras el dramático tercer naufragio que vive Canarias este año.

«La efectista política del terror y el miramiento ultrapuritano de los censores no pueden negar las fotos»

Las instantáneas recuerdan una foto de 2015 en la que aparecía el cadáver de un niño, Aylan, en una playa de Turquía. El pequeño se ahogó en el mar Mediterráneo en su intento por llegar a Grecia. O a la de un padre y su hija, los salvadoreños Óscar y Valeria Martínez, muertos a orillas del río Bravo el pasado verano de camino a Estados Unidos. Aquellas fotos dieron la vuelta al mundo y, además de abrir un debate sobre la conveniencia de su publicación y la censura impuesta por algunas redes sociales y medios de comunicación, puso el foco sobre una realidad que algunos líderes quieren negar o manipular para sacar réditos políticos.

Las fotos de los inmigrantes ahogados en nuestras costas, sin detalles explícitos pero sin censura, son más necesarias que nunca ahora que se acercan unas nuevas elecciones y la ultraderecha utiliza la migración para lanzar un discurso patriota rancio basado en argumentos que provocan el miedo sin fundamento hacia el extraño. Al igual que el independentismo con el «España nos roba», la ultraderecha utiliza la estrategia de demonizar al migrante, presentándolo como el que nos quita el trabajo, consume las ayudas públicas y lidera las estadísticas sobre la criminalidad del país. Pero la efectista política del terror y el miramiento ultrapuritano de los censores, no pueden negar el drama de las imágenes de los muertos en nuestras playas.