...y los gatos tocan el piano

Las componendas

01/09/2019

Luisa del Rosario

Las componendas y maniobras en el seno de los partidos para favorecer intereses personales desmienten la tan cacareada consigna de que los políticos se entregan en cuerpo y alma al interés general. En realidad, lo más frecuente es que se entreguen, con gran frenesí, al cultivo de su propio engrandecimiento y a la consecución de ridículas cuotas de poder para rodearse de los que son de su misma cuerda.

Ahí están los ejemplos de la formación de gobierno en la Comunidad de Madrid o de Andalucía, donde el Partido Popular y Ciudadanos se han dedicado, sin rubor, a colocar a sus allegados, y en los que concurren, no por casualidad, innumerables deméritos. No hay otra forma de explicar casos como el del consejero de Sanidad andaluz, que a su incompetencia en la materia suma todos los defectos imaginables en el manejo de asuntos de gravísima responsabilidad. Solo apelando a cuestiones de índole privada o a inconfesables intereses partidistas se puede entender que haya ocupado ese cargo un individuo de tan escasa valía.

Sin embargo, no es necesario cruzar los mares para hallar casos similares. En Canarias, tenemos una larguísima lista de políticos incompetentes, muchos de los cuales seguimos sufriendo, envueltos en papel de celofán para ocultar sus defectos, cuando no sus miserias. De la misma manera, seguimos padeciendo casos en los que a la persona de algún valor, como la consejera socialista del Cabildo de Gran Canaria, Isabel Mena, se la relega del cargo de portavoz, que por orden de la lista electoral le correspondía, porque, al parecer, no es del agrado de algún otro político del partido. Lo que menos importancia tiene es si Mena es o no la persona apropiada para servir al interés general desde ese cargo.

Se trata este de un problema que tiene un efecto en multiplicador sobre la vida política, pues en la medida en que se fomenta el amiguismo y se margina el talento, cada vez serán más las personas capaces que decidan no prestarse a este juego tan pueril y, a la vez, tan degradante. A la inversa, la generalización de la incompetencia propiciará y estimulará que los más zoquetes y zoquetas se apresten a buscarse la vida haciendo carrera en algún partido, sabedores que ahí suele premiarse la mezquindad y el arribismo. La víctima de esta regresión es, por supuesto, la ciudadanía, llamada a fenecer en masa, abandonada a su suerte, con el siguiente incendio o la siguiente listeriosis.