...y los gatos tocan el piano

Las banderas

13/10/2019
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En algunos países, piénsese en Estados Unidos o en Portugal, la bandera nacional está omnipresente en la vida social. No son solo las instituciones las que la enarbolan, sino que buena parte de la ciudadanía la siente como algo digno de adornar sus casas, sus objetos más queridos, sus medios de transporte o su propia ropa. En el caso concreto de Portugal, no es raro ver una chabola con la bandera roja y verde ondeando en lo alto. Esto en España no funciona.

La actual bandera española es extraordinariamente efectiva para crear unión, pero también para crear división. Los que la sienten como propia no pueden considerarse unos fachas tarados. Son demasiados millones y no todos son unos fanáticos patriotas. Por su parte, a quienes les repugna el rojo, amarillo y rojo tampoco pueden ser unos malnacidos y desnaturalizados, porque no son menos que los anteriores y la mayoría no es «anti-España». Y los que definitivamente no pueden estar mal de la cabeza son otros millones de españoles y españolas a los que la bandera se las trae al pairo.

Perdamos la esperanza: ni en un millón de años la bandera española representará lo mismo para la ciudadanía española en su conjunto como la bandera de Portugal lo hace para la lusitana.

La buena noticia es con ello tampoco se pierde gran cosa, pues se puede llevar una vida digna sin banderas. Más allá de la libertad que cada uno tenga de expresarse en sus balcones como mejor le plazca, el trozo de tela no nos cambiará sustancialmente la vida. Ni nos hará mejores ni peores, ni con más riqueza ni pobres, ni más felices ni más desdichadas. Y desde luego no servirá para generar ningún tipo de cohesión social, pues cuanto más grande sea la tela que el político de turno coloque en el centro del pueblo, mayor será el rechazo que experimente una parte de la ciudadanía. Y negarles la españolidad a esa parte disidente no es ninguna buena idea, porque, Constitución en la mano, son tan españoles y españolas como el que más.

Lo que realmente genera la cohesión social es la convicción de que todos y todas somos tratados con justicia y dignidad. Y eso es algo con lo que ni remotamente puede soñar España. Pero tampoco Estados Unidos ni Portugal. Y, para ese menester, la bandera de Canarias es más inútil todavía. En los tres países y en nuestra región, las diferencias de clase y las desigualdades son colosales, y buena parte de la ciudadanía es bien consciente de que la otra parte la ha dejado tirada en la cuneta. Ante eso de poco sirven las banderas salvo que, como es ya tradición en España y en Canarias, uno pretenda taparse con ella las vergüenzas.