Primera plana

La ventaja de Antonio Morales

08/01/2019

Tal como están las cosas no es descabellado que en el próximo Cabildo de Gran Canaria hubiese hasta siete partidos distintos: los dos nacionalismos (NC y CC), las tres derechas (PP, Ciudadanos y Vox) y las dos izquierdas (PSOE y Podemos). Un puzzle de mucho cuidado que será muy difícil recomponer para su gobernanza si alguno de los bloques ideológicos a izquierda (el gobierno actual) y derecha (la oposición) no suma. Sin embargo, los cabildos tienen una norma por la cual se proclama automáticamente presidente al más votado. Esto no ocurre en los ayuntamientos. Y, por lo tanto, teniendo en cuenta que todas las encuestas apuntan a una victoria de Antonio Morales, este juega con un plus ante el resto de candidatos en cuanto que es muy difícil articular una moción de censura en su contra en una aritmética que podría obligar a que PP y Podemos o CC y Vox fuesen juntos para llevarla a cabo con éxito. Sería para estos actores un suicidio en términos políticos y encima para tan poca ganancia. Aquí, en cualquiera de los cabildos, ser el primero vale el doble. Y esta regla, que denota su rasgo claramente presidencialista, adquiere mayor valor cuando la oposición es más plural y suponga un auténtico rompecabezas forjar una alternativa.

En 2007 fue sencillo que PSOE y NC se pusieran de acuerdo para presentar la moción de censura contra José Manuel Soria que, por muy poco, había sido el más votado. Aquellos comicios fueron los de la subida electoral socialista tras años de sequía. Pero en todo caso eran dos siglas las que se sentaron a negociar haciendo que José Miguel Pérez fuese presidente y Román Rodríguez vicepresidente. Este curso, a partir de mayo, la historia sería radicalmente otra con una representación en la calle Bravo Murillo tan fragmentada. Todo esto sería en el peor de los escenarios en cuanto que hoy por hoy los sondeos atisban una mayoría de Morales, incluso crecería NC en consejeros, tendencia al alza que lleva desde 2007, que con el respaldo de uno o dos grupos progresistas sería suficiente.

Si a nivel regional la gobernanza se complica, sobra decir que el Cabildo de Gran Canaria ante este panorama de tremenda inestabilidad sería un oasis. Y, de paso, el dique de contención frente a la vida política autonómica en la que (si entrasen en la Cámara las siete formaciones mencionadas más ASG) sería un torbellino. Aun la legislatura de 1987 a 1991, la del CDS con la cuestión de confianza de Fernando Fernández y Lorenzo Olarte, sería ahora un pícnic de domingo. Enseguida saldremos de dudas, aunque el horizonte electoral regional ya se antoja peliagudo.