Frecuencia Modulada

La utopía del movimiento Slow

27/08/2018

Cuando cada noche leía un cuento a su hijo, el periodista canadiense Carl Honoré se saltaba líneas, párrafos e incluso páginas en un intento de acortar un poco la historia. Eran las nueve de la noche, disfrutaba con su pequeño en el tranquilo ambiente del cuarto infantil, sentado en un cómodo sillón y...¡miraba el reloj para medir cuanto tiempo queda para cerrar el libro! Esta sensación de vivir en una carrera de obstáculos continua, sin tiempo para la reflexión ni el disfrute, provocó la creación del movimiento Slow. El objetivo: librarnos de la «enorme ansiedad» que provoca este sin sentido que nos hace saltar de tren en tren. ¿Se imaginan el mundo si nuestros políticos también pararan a pensar al menos unos minutos al día?

Porque está claro que el «Elogio de la lentitud» de Honoré no se ha convertido en el libro de cabecera de los gestores públicos. Mientras la filosofía Slow aboga por «recuperar la calma perdida en las sociedades desarrolladas para saborear la vida de otra manera», los políticos están inmersos en una carrera por el titular, la respuesta al contrincante y los golpes de efectos.

«Los políticos están más pendiente de llenar su tiempo con actos que con reuniones realmente importantes»

La aplicación en muchos colectivos e incluso en la educación del Slow ha demostrado que ir más despacio, reflexionar o incluso aburrirse un rato leyendo un informe mejora la productividad. En cambio, un rápido vistazo a la agenda diaria de muchos representantes públicos demuestra que están más pendiente de llenar su tiempo con multitud de actos que con reuniones realmente importantes lejos de los focos. Acelera, acelera aún mas.

Si las prisas y el corre-corre es la tónica habitual, no sorprenderá a nadie que esta semana resuene el pistoletazo de salida de una carrera de pollos sin cabeza hacia la meta de las elecciones autonómicas y locales de mayo de 2019. Sin calentamiento previo, sin apenas estrategia y sin escrúpulos mínimos, todos los partidos competirán en el barro de la política por atraer la mirada de los votantes. Ya no habrá tiempo para reflexionar qué es lo mejor para este país, esta comunidad autónoma o esta ciudad. ¿A quién le importa la gestión cuando se va en un bólido a 200 por hora?

Prepárese para escuchar durante los próximos nueves meses el cuento de nuestros gestores públicos, pero tenga claro que no podrá cerrar los ojos ni un segundo. Se leerá a trompicones, prácticamente sin atender a la puntuación, como si tampoco importara tanto el contenido. Duerma, duerma, que un profundo sueño es lo mejor para acercarse a las urnas en tiempos de la filosofía Speed. Los demás es sólo pura utopía, lectura propia del verano.