Café para todos

La última llamada de Casimiro

19/06/2019
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El teléfono de Casimiro Curbelo es el único que no deja de sonar, como bien explicaba ayer Loreto Gutiérrez en estas páginas. El todopoderoso presidente gomero es la pieza clave de una partida de ajedrez que está siendo realmente emocionante. El día a día de Curbelo debe ser algo parecido a esto:

—¿Quién es?

— Hola Casimiro, soy Ángel Víctor, hace diez minutos de mi último mensaje. Me salen las dos rayas azules de leído...

—Son las tres de la madrugada. Te pido por favor que pares.

—Perdona. La idea de que estés chateando también con Clavijo me tiene de los nervios. No soporto más esta situación. Necesito verte.

Por supuesto, las llamadas del líder del PSOE no son las únicas que está recibiendo Casimiro Curbelo desde que los resultados electorales lo pusieron en el ojo del huracán. Su mejor amigo Clavijo lo tiene algo más fácil que Torres:

—¿Diga?

—¿Cómo está mi hombre? ¿Unas cañitas?

—Hombre, Fernando. No creo. Anoche no pegué ojo. Ángel Víctor me tiene loco.

—Tú ni caso, presidente. Dile que si, pero no. Y cuando estén ilusionados, les dices que todo es posible. Y así hasta el final.

—No sé Fernando. Creo que voy a dar el paso. Al fin y al cabo soy socialista, y me ha llamado hasta Felipe González. ¿Esto no afectaría a nuestra amistad no?

—¿Estás rompiendo conmigo, Casimiro?

—No me hagas esto más difícil. Yo no quería llegar a este punto. No eres tú. Es el socialismo.

Tras esa terrible llamada, Clavijo llamó entre lágrimas a Antona, explicándole que Curbelo había elegido a otros amigos. El líder popular, que ya se veía de presidente, se apresura a llamar a Curbelo:

— ¿Si?

—Fernando está destrozado. Creo que deberías reflexionar, quizá fue un calentón. No puedes hacerle esto.

—Asier, lo que ha pasado entre él y yo es cosa nuestra. Ha sido una decisión difícil. Pero te pido que no te metas.

—Casimiro, yo de presidente, Fernando de vicepresidente, y tú de lo que quieras. Los tres, unidos. Estás a tiempo de salvar tantos años de amistad con él.

—Lo siento. Ángel Víctor me da Valle Gran Rey, y su eterna amistad. Clavijo solo me quería por interés. Me han abierto los ojos. Adiós.

Mientras, en algún punto de Arucas, el líder socialista no para de mirar la pantalla de su móvil. Solo recibe mensajes de Román Rodríguez, con miles de emoticonos para animarlo. Pero de Casimiro Curbelo nada. Continuará...