Primera plana

La sentencia del caso ERE

20/11/2019

Casi un millón y medio de votos perdieron PSOE y Podemos, entre los dos, el 10N con respecto al 28A. Se dice pronto. En apenas unos meses, la izquierda recibió un correctivo. Nadie entendía la repetición electoral. Pedro Sánchez ha sido castigado y sus planes enseguida se destartalaron desde que las primeras encuestas tras el verano apuntaban que se había metido en una ratonera sin necesidad. Andalucía fue para el PSOE lo que el socialismo andaluz para el resto de la organización. El fortín, el cuartel de invierno, el enclave en el que se fabricaban los líderes y potenciales ministros. Gracias a Andalucía (y a Cataluña) Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero ganaban las elecciones generales, sin estos dos territorios no había nada que hacer. De hecho, a comienzos de la década de los ochenta el proceso autonómico andaluz fue la catapulta al poder de los socialistas al tiempo que dividía a la UCD. El referéndum sobre la iniciativa del proceso autonómico de Andalucía del 28 de febrero de 1980 ungió desde entonces una especie de comunión inalterable entre el sur del país y el voto al PSOE, viniesen bien o mal dadas.

«La sentencia del caso ERE recupera el debate de que los eternos gobiernos a la larga generan contraindicaciones democráticas. Que el poder de cuando en cuando hay que refrescarlo»

Manuel Chaves y José Antonio Griñán han sido condenados por la Audiencia Provincial de Sevilla en el caso ERE. El primero por un delito de prevaricación que le lleva a 9 años de inhabilitación. El segundo ha delinquido tanto por el tipo penal de prevaricación como el de malversación de fondos públicos y le aguarda 6 años y 2 días de cárcel, además de 15 años y 2 días de inhabilitación. Tanto Chaves como Griñán fueron mandamases de la Junta de Andalucía, ministros en los Ejecutivos de González y presidentes del PSOE. Es más, Chaves fue también ministro y vicepresidente en el periodo de Zapatero. Es decir, lo fueron todo en su trayectoria política al amparo de las siglas socialistas.

La sentencia del caso ERE recupera el debate de que los eternos gobiernos a la larga generan contraindicaciones democráticas. Que el poder de cuando en cuando hay que refrescarlo. La oxigenación debida en democracia. Ya el PSOE no rige el destino de Andalucía. Cuando menos lo pensaba Susana Díaz, recordemos que adelantó los comicios, las tres derechas la desbancaron. Y en este marco es cuando justo conocemos el fallo judicial que recuerda al varapalo de los noventa cuando asimismo fueron condenados el exministro José Barrionuevo y su segundo de a bordo Rafael Vera a cuenta del secuestro de Segundo Marey. La implicación de ambos en los GAL, de la que González decía no saber nada cuando fue requerido por Iñaki Gabilondo en una entrevista célebre en TVE en enero de 1995, golpeó con efecto tardío al centroizquierda. Ahora se trata de la sentencia del caso ERE que vuelve a sacudir al PSOE. Y lo hace en otra etapa inestable en la que todavía Sánchez no ha superado la sesión de investidura para formar su Gabinete con Podemos. «Prefiero un minuto de televisión que cien mil militantes», afirmaba Alfonso Guerra. Ahora por falta de cuota de pantalla no será.