Bardinia

La sanidad, de servicio a negocio

28/06/2018

Siempre que hablamos de los derechos de la ciudadanía, la sanidad aparece en los puestos de cabeza, porque la salud es tan importante que casi todo se vuelve secundario cuando esta falta. Por ello, cuando se han ido implantando los pasos del llamado Estado de Bienestar, la sanidad es uno de sus pilares básicos, pues tiene que ver con la vida, la igualdad y con otros conceptos que sin un cuerpo y una mente sanos no serían tales. Hace unos años, antes de que la crisis de 2008 pinchara las ilusiones colectivas y no pocas individuales, en los círculos más entendidos de la UE se hablaba de dar un paso más y llevar el Estado de Bienestar hasta su estadio ideal: la Sociedad del Bienestar, en el que no solo las administraciones públicas tuvieran el compromiso común, sino que se implicaran todos los elementos de la sociedad.

Es evidente que aquel propósito, no solo pasó al olvido apenas asomaron las orejas los primeros daños sociales de la crisis, sino que se empezó a retroceder y muchos de los derechos conseguidos con tanto esfuerzo durante siglos, especialmente en el último, se fueron descafeinando hasta el punto de que muchos se esfumaron al amparo de unas reformas económicas que se vendieron como imprescindibles para dejar atrás las terribles cifras a las que había llegado el desempleo y salir de la crisis, y una vez recuperado el control de la economía se irían devolviendo los derechos que se perdieron. Está claro que nunca existió ese propósito, al menos en España, y eso nos lleva a preguntarnos si realmente es verdad que la crisis se produjo porque estallaron determinadas burbujas, o si fue al revés, que se generaron aquellas para que la crisis que luego vendría sirviera de coartada para devaluar los salarios y crear unas clases trabajadoras sumisas, mal pagadas y obsesionadas con el trabajo aunque este no fuese valorado económicamente como antes.

«El Estado de Bienestar ha pasado de ser un servicio público a convertirse en el negocio de una minoría»

Es decir, la pregunta es si la crisis tal vez fue provocada para crear un nuevo equilibrio de fuerzas entre quienes dominan la economía financiera y el resto de la gente. Si nos atenemos a las pruebas, parece que realmente ha sido así, porque esta larga y áspera década de sufrimiento ha hecho más ricos a quieres realmente la provocaron. Lo que ha cambiado es el reparto, y por lo tanto ha crecido la desigualdad, por lo que la Sociedad del Bienestar suena a quimera cuando se ve la insolidaridad de las grandes corporaciones, en la que los directivos cobran docenas y hasta cientos de veces el salario de alguien de la base, que es quien realmente produce todo ese dinero. Y, claro, se ha puesto en el despeñadero el Estado del Bienestar.

Pero hablábamos de sanidad, lo mismo que podríamos hablar de pensiones, educación o seguridad. ¿Qué ha pasado con todo eso? Pues que ha sufrido un proceso de privatización que genera ganancias millonarias, a la vez que deteriora el mercado laboral, los salarios y los servicios. Empezaba hablando de sanidad, porque es un servicio fundamental a cualquier edad, pero es obvio que lo es más cuando se cruza determinada barrera de edad, en la que ya los cuerpos flojean y necesitan cuidados, ayudas y medicamentos para seguir adelante. Los grandes servicios que en un día no muy lejano prestó la Sanidad Pública en Canarias son ya un difuso recuerdo en la memoria, con personal disminuido en número y por lo tanto sobrecargado de trabajo, que se evidencia en las listas de espera tremendas, mientras hay instalaciones públicas que tienen plantas en desuso, porque para que funcionaran tendría que haber más personal. Eso sí, la gestión sanitaria se vende como muy brillante, los números salen, pero los enfermos sufren y a veces mueren sin recibir el servicio que se les ha prometido y que, además está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y docenas de leyes, estatutos y diarios parlamentarios.

Luego vienen otros aspectos como el copago, los servicios domiciliarios y no sé cuántas cosas más, pero siempre sacan pecho en los discursos políticos. Claro, esas plantas cerradas, esas plazas no cubiertas y esos servicios no prestados se desvían en parte a la sanidad privada, que parchea las deficiencias, pero que ya empieza a estar en disposición de imponer las reglas, porque sin esos desvíos sería imposible ponerse al día, y el deterioro se extiende a esos antaño modélicos pequeños establecimientos sanitarios, porque lo importante es la cuenta de beneficios, solventada en buena parte por el dinero público. Esto es una realidad que vemos cada día en sanidad, pero lleva camino de serlo muy pronto en educación, atención a las personas mayores, a las discapacidades y otras necesidades de la población. El Estado de Bienestar ha pasado de ser un servicio público a convertirse en el negocio de una minoría.