Opinión

La salida de Rajoy

12/06/2018

El escaño vacío. El hemiciclo debate la moción de censura sin Mariano Rajoy presente. Se conoce a medida que avanzan las horas que se ha ido al reservado de un restaurante para estar en intimidad con los suyos. Huele a contragolpe. A dimisión que frene la victoria parlamentaria de una oposición coral que, por unos motivos u otros, se congregan para dar por finalizada la era Rajoy y, de paso, abrir una crisis interna en el PP que hasta el otro día era inimaginable por todos. Pero se recluye Rajoy para nada. No hay dimisión ni opción contraria a la de Pedro Sánchez. Y mientras tanto el Congreso de los Diputados no tiene en esos momentos cruciales a su alcance al jefe del Ejecutivo. Si te vas justo entonces es para reaccionar. No para recrearte en tu caída política.

Rajoy tenía que haber aguantado sentado en la bancada azul con honor. El que se presume a los hombres de Estado. El mismo que destiló el centrista Adolfo Suárez, el militar Manuel Gutiérrez Mellado y el comunista Santiago Carrillo cuando Antonio Tejero con tricornio y salvas a la honra de España protagonizó la asonada del 23F, se mantuvieron sentados y no se escondieron a pesar del natural miedo. Los tres con calma, con difícil sosiego, aguantaron el tipo. Pero Rajoy se marchó al comedor. ¿Dónde está el presidente del Gobierno? Pensaban sus correligionarios mientras el PP se sumía en una etapa de desconcierto porque los nacionalismos ya no eran aquellos pactistas burgueses con los que entenderse con chequera en ristre.

«En cierta medida, al PP le interesa que Sánchez permanezca un largo tiempo en La Moncloa o incluso agote la legislatura»

Dicen ahora que la dimisión no hubiera servido de nada, puede ser, pero suena a pretexto fácil para evitar responsabilidades. No luchó. Quedó presto a las circunstancias, al cambio de señal inesperado del PNV. Y, de repente, la izquierda gana una oportunidad histórica. Y el PP comienza una travesía por el desierto que de por sí es dura pero que encima entronca con la competencia electoral que genera la irrupción de Ciudadanos.

En cierta medida, al PP le interesa que Sánchez permanezca un largo tiempo en La Moncloa o incluso agote la legislatura. Es una manera implícita de recuperar el bipartidismo. Que Ciudadanos se torne en un CDS posmoderno y que Podemos se desinfle y emule a IU en sus mejores tiempos rondando los veinte diputados. Se preserva así el sistema del 78. Sus cimientos se consolidan por obra y gracia de una sentencia que afecta al PP y un instrumento parlamentario tan legítimo como el resto de vías (cita con las urnas y cuestión de confianza). El azar maquiavélico. Una entrega más por la causa. Y que Sánchez y el que sea líder del PP, casi sin quererlo, sustituyan a Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba. Podemos tiene que estar ya arrepintiéndose.