Voces, palabras

La óptica mirada del señor vicepresidente

25/08/2018

El señor Rodríguez Valido, vicepresidente del Gobierno de Canarias y consejero de Obras Públicas, instó a la participación democrática –tipo sufragio universal- desde una red social. Quiso conocer la opinión de sus seguidores sobre el color de las gafas (o gafa, indistintamente) que debía comprar. Y como pálpitos y rigores democráticos imponen seriedad a la cosa, el Excelentísimo joven coloca dos fotos para que el votante elija.

La primera (NEGRAS, círculo negro a la derecha) está delimitada por entorno aséptico (cualquier óptica) y enchaquetamiento del señor vicepresidente lo cual, claro, anula cualquier intencionado lirismo poético. Tampoco hay elementos llamativos por su natural belleza o interesante contenido: es, simplemente, un espacio común y sin ambientación simbólica alguna. El rostro, incluso, refleja cierto hieratismo.

Además la señora del fondo (casual mirona o intencionada presencia para fingir naturalidad espacial), nada distrae la atención de quien visiona: la faz del dubitativo posante actúa como imán... porque ocupa el primer plano. A fin de cuentas es el protagonista, dominio de la perspectiva. (Por tanto, rechazo cualquier sospecha de narcisismo leída en la canalla de la prensa.)

La segunda foto (ROJAS, círculo rojo a la izquierda) está cargada de símbolos. La ausencia de chaqueta traduce familiaridad, distensión. El posante incluso esboza ligera sonrisa: su mirada se relaja. El espacio, además, es personal e intelectualizado: la ikeana estantería del fondo almacena libros, aunque sus lomos nada dicen sobre contenidos ante la imposibilidad de leer los títulos.

No obstante, no llego a descifrar la significación simbólica del hueco o vacío sobre el punto rojo. Intuyo profundización, espacio infinito donde pululan Ideas o, tal vez, la eliminación de un bloque completo de volúmenes, cual si las Fuerzas del Bien hubieran imitado el «donoso y grande escrutinio» previo a su condena al fuego que hicieron el barbero y el cura en la librería de nuestro ingenioso hidalgo don Quijote... Pero el recurso es, cuando menos, significativo: el rojo de las gafas –estoy seguro- se identifica entre libros ajenos a pensamientos impuros.

Y como me dicen en las sacristías que el teldense señor Rodríguez Valido fue antiotánico desde la infantil niñez –las posteriores pubertad y madurez lo hicieron coÁTIco-, doyme en sospechar que acaso llegó a ser lector de Pedro Lezcano y otros rebeldes contrarios a nuestro bautizo otánico, por más que Turquía y otros países no ensalitran sus costas con el Atlante. Tal hipotética conclusión me conduce a dos interrogaciones retóricas de la cuales, claro, no espero respuesta: ¿pudo almacenar el visible hueco de la estantería –junto al botón rojo (u encarnado, indistintamente)- algunos volúmenes de textos críticos con la OTAN? ¿O quizás ejemplares con romances de la Guerra Civil española?

«La ausencia de chaqueta traduce familiaridad, distensión. El posante incluso esboza ligera sonrisa: su mirada se relaja. El espacio, además, es personal e intelectualizado»

Lo primero parece incluso hasta normal. Pero, ¿qué harían romances ya con ochenta años a sus espaldas en una estantería de libros tal vez en la estancia oficial del señor Rodríguez Valido? Pues, estimado lector, la elucubración se relaciona con el color de las gafas.

Allá durante los inicios de la sublevación y años de la Guerra Civil el verso octosilábico -genuinamente español por cuestiones estructurales- fue identificador de muchísimos poetas republicanos, conocidos o no. (Lo cual –dicho sea de paso- no era novedad pues, a fin de cuentas, por varias antologías pululan romances recopilados, las más de las veces seculares y de base popular.) Esto explica, por tanto, la posible presencia de Pelea de gallos (1937), por ejemplo: uno negro, otro rojo.

Y como la consulta del señor Rodríguez gira alrededor de ambos colores, pudo haber sido lector de este romance perteneciente a Cantos de la resistencia española: «Se encontraron en la arena / los dos gallos frente a frente. / El gallo negro era grande / pero el rojo era valiente. / Se miraron cara a cara / y atacó el negro primero: / el gallo rojo es valiente / pero el negro es traicionero [...]». (Simple casualidad, intuyo. Porque como coÁTIco militante y cargo de excelentísima responsabilidad, el señor Rodríguez Valido preferirá seguramente la familiaridad de un apellido, Zerolo, autor del poema La cueva del rey Bencomo.)

Gafas rojas o negras, da igual: los símbolos no cuentan ahora. Lo importante es haberlas conseguido... y que vean bien. Porque a nuestro litoral, señor vicepresidente, lo caminan disparatadamente hacia la destrucción. Pero no por fenómenos naturales: es la mano del enriquecimiento. Diques de amarre para yates o playas artificiales, por ejemplo, cortan corrientes marinas subacuáticas y, por tanto, desequilibran el medio. De ahí, muchas veces, la desaparición de rincones por acumulación excesiva de callaos o volatilización de la arena. O las desapariciones de olas para surfistas. O disparatada acumulación de seba, como acaba de suceder en una playa majorera (inexplicable para los lugareños con quienes no se consulta cuando de escolleras, muelles o toboganes se trata... Ni interesan reparos y sabidurías). Lo mismo sucede abajo, en El Águila. ¿Y el vertido de aguas residuales en el barranco de Malfú, Ingenio? ¿Y...?

Greenpeace viene denunciándolo desde hace tiempo: la degradación medioambiental aumenta en nuestras costas, afecta ya al doce por ciento del litoral. La desordenada urbanización se disparata a ritmos acelerados: las conducciones se tupen impotentes ante tanta mierda, eufemísticamente llamada por organismos oficiales «Sobrecarga en el conducto de salida del emisario» (submarino, no humano). ¿Llegarán a decretarse edictos que señalen inflexibles horarios para meadas y lo otro?

El batiente de Granadilla se pudre entre estertores de la vida natural y descomposición del mar; la playa de Montaña Pelada contamina su ser con aguas excrementicias; el año pasado (abril) Las Canteras –portada de ABC- sufrió el embate de bacterias fecales a causa de la contaminación; el subsuelo de El Confital es río de putrefacciones; Gran Canaria tiene ciento once puntos de vertidos a la mar; oficinas municipales de ayuntamientos se llenan de solicitudes para ampliaciones turísticas: cuatro mil plazas hoteleras más para Fuerteventura; Lobos se degrada por descontroladas afluencias de turistas...

Espero, señor vicepresidente, que tenga ya las gafas en su poder. Graduadas, no ahumadas.