A cara descubierta

La lucha por el clima, difícil

06/12/2019

Silvia Fernández

La actriz y ahora una de las principales activistas en la lucha contra el cambio climático, Jane Fonda, lo dijo claro esta semana en Washington: «Espero que los líderes mundiales hagan en Madrid algo más que hablar. Que actúen y hagan algo de verdad porque esta es una crisis real».

Y es que viendo la realidad, los incumplimientos de la mayoría de los países y el perfil de muchos de los políticos que hoy lideran países o ciudades -tipo Donald Trump con sus políticas negacionistas y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, que, a pesar de querer cargarse el plan Madrid Central de Manuela Carmena y que ha recortado un 20% la contaminación de la ciudad, se vende ahora como abanderado de la lucha contra el cambio climático- resulta difícil creer que vaya a cambiar mucho en los próximos años y menos aún que se vaya a meter un buen acelerón, que es lo que se requiere ahora mismo. Pero vamos por partes.

A pesar de que los 27 años transcurridos desde que oficialmente comenzó a nivel internacional la concienciación del cambio climático (fue en 1992 cuando se firmó el Convenio de Cambio Climático) las emisiones de CO2 derivadas del uso de energías fósiles como el carbón, el petróleo y el gas natural siguen creciendo. En 2018 se alcanzó un nuevo récord y la previsión es que este año se llegue a un nuevo pico de emisiones.

La recién estrenada presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, parece decidida a combatir el cambio climático. Según indicó en la Cumbre de Madrid, Europa quiere llegar a 2050 como el primer continente climáticamente neutro. Para ello va a elaborar un plan de crecimiento centrado en la reducción de las emisiones de CO2, un green deal en toda regla, dotado de un billón de dólares en 10 años.

Suena muy bien y ojalá sea cierto. El problema es que los intereses económicos de muchos países y de grandes multinacionales van por otro camino y luchar contra eso es muy difícil. También es complicado lograr el cambio con unos líderes políticos que niegan la destrucción de la capa de ozono o el calentamiento global y consideran que todo es una «patraña» de los científicos. Y luego están los ciudadanos, responsables de que esos políticos hayan llegado al poder.