Será por no callar...

La incoherencia tiene cura

10/09/2018

Tengo una duda. Según la doctrina católica, un sacerdote es un servidor a la comunidad en quien debe primar, entre otras cosas, la humildad.

Y con esa premisa, me pregunto: Si un cura hace de su sotana un sayo, se pasa por el crucifijo las directrices de su iglesia y monta polémicas de proporciones bíblicas... ¿está pecando?

La idea me asaltó cuando el sacerdote Fernando Báez, autoungido con un halo de divinidad, se permitió el lujazo de negar la comunión a Héctor Suárez y espetarle sin siquiera ruborizarse que era un pecador por haberse casado por lo civil.

En ese momento, pensé: «Ay, señor... este buen hombre ha bebido mucho vino santo». Pero cuando me detallaron su currículum mediático, mi ojiplatismo alcanzó niveles extremos.

Porque, una de dos, o este sacerdote necesita urgentemente que le tumben en un diván en busca de una coartada para sus acciones, o, lo que sería mucho más grave, le mueve un afán desmedido de llamar la atención y mantenerse en el candelero.

Yo no soy experta en comportamientos, pero mi intuición me dice que las ganas de destacar son la explicación más plausible a las actitudes de este señor.

Basta con ver para creer.

No hace ni dos meses que Báez permitió que un grupo de drag se colocara el tanga y la pestaña postiza delante de un crucifijo y del copón bendito. Acción que yo aplaudí.

«Pasar del vanguardismo más salvaje al franquismo más retrógrado en un solo pestañeo da para hablar y mucho»

Pero, cuando esa noticia se apagó, el mismo Báez se erigió en algo parecido a un justiciero divino y se atribuyó la potestad de decidir quién comulga y quién no. Así, sin despeinarse.

Y , una vez más, tras alcanzar el súmmum de la incoherencia, volvió a ser noticia. ¿Y cómo no? Si es que pasar del vanguardismo más salvaje al franquismo más retrógrado, en un solo pestañeo, da para hablar... y mucho.

Pero, visto desde la barrera del agnosticismo, que un cura saque los pies del tiesto no es lo más sangrante. Lo que es incomprensible es la desidia que demuestra el Obispo de Canarias mientras contempla las andanzas de su subordinado.

Lo mismo esa santa pachorra tiene alguna explicación eclesiástica. No sé... ¿El obispo Cases habrá hecho voto de silencio? ¿Estará llevando hasta el paroxismo las virtudes de la prudencia, la templanza y la caridad? ¿O es que tiene unas tragaderas a prueba de bomba y está esperando a que el hijo díscolo se aburra y deje de hacer de las suyas?

La realidad es que, mientras Cases se lo piensa, Báez sigue a su bola y sus ocurrencias llegan a mucha gente, gracias a esto de la virtualidad. Y a lo mejor, sólo por eso, los gerifaltes eclesiásticos deberían hacer algo para reconducir a uno de los suyos que, a mi juicio, no se ha descarriado sino que ha descarrilado.

Estoy convencida de que la incoherencia tiene cura, aunque el paciente sea un cura incoherente.