Primera plana

La importancia de los Presupuestos

12/02/2020

ERC se ha sorprendido, por no decir molestado, al querer Quim Torra defender los presupuestos en la Cámara catalana. No cabe duda que se trata de una jugada claramente preelectoral en la que JxCat trata de rentabilizar el logro frente a ERC. Los dos pugnan por liderar el espacio independentista y aún no sabemos a qué juega ERC en cuanto que, llegado el momento, y si se confirma que gana, fácilmente podrá optar por un tripartito encabezándolo con el respaldo del PSC y Podemos o, por el contrario, persistir con el bloque actual de JxCat más allá de quién lo presida.

Cuando José Luis Rodríguez Zapatero era el líder de la oposición en tiempos de la mayoría absoluta de José María Aznar, tuvo la habilidad (lo habían preparado en Ferraz) de cortarle el paso en el pasillo del Congreso de los Diputados a Jordi Sevilla, que entonces llevaba los asuntos económicos del PSOE, para subir a la tribuna el propio Zapatero a intervenir en el debate sobre los Presupuestos Generales del Estado. Va de suyo que hubo una teatralización pero que resultó efectiva porque le dio un protagonismo a Zapatero que descolocó al PP de Aznar. La política tiene mucho de gestos y de medir el ritmo de los acontecimientos y es eso lo que hizo en su día el jefe de los socialistas como ahora lo realiza Torra.

La Moncloa no quiere presentar el proyecto de las cuentas anuales de 2020 hasta tener amarrado el respaldo imprescindible de ERC. Y eso que la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, aspira a tener los Presupuestos Generales del Estado antes que empiece el verano. Ciertamente, no cuadra. Para empezar porque los comicios catalanes pueden retrasarse más de lo que Pedro Sánchez quisiera y, además, porque con independencia del calendario la realidad es que ERC está sujeto en su margen de maniobra a JxCat de aquí, que ya estamos a mediados de febrero, a la cita con las urnas sean cuando sean, que solo Torra y unos pocos más lo sabrán.

Así las cosas, el tiempo juega a favor de JxCat y no de ERC. De hecho, las encuestas últimas vaticinan que el espacio posconvergente va reduciendo la distancia con respecto a la formación de Oriol Junqueras que hace unos meses iba primero con mayor holgura. No sería extraño que Torra, si el Tribunal Supremo no lo impide al tener pendiente resolver el recurso presentado contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, retrasase las elecciones hasta el otoño.

A su vez, la mesa de diálogo debe arrancar antes de que finalice el mes. Y en función de si avanza o no, ERC irá modulando su respuesta a la gobernabilidad nacional. Junqueras y sus correligionarios saben que si dan luz verde a los Presupuestos Generales del Estado para que Sánchez pueda dejar a un lado, al fin, a los del periodo de Cristóbal Montoro, supondría darle un par de cursos de estabilidad al pacto suscrito entre el PSOE y Podemos. Por lo que ERC tiene que meditar bien si le compensa o no ese respaldo a La Moncloa que luego, si se destartala la mencionada negociación que aborda el conflicto político catalán, dejaría en evidencia a ERC ante su electorado que catalogaría al partido como un vendido frente a Madrid que encima ha traicionado a Torra.

Pasarán los comicios vascos y gallegos y probablemente la incertidumbre persista en La Moncloa. La clave fundamental es la ya descrita: el tiempo juega a favor de JxCat y en detrimento de ERC. Carles Puigdemont lo sabe perfectamente y juega esa carta. Y la ministra de Hacienda no controla este tablero preso de varios factores con la peculiaridad de que todos ellos, en mayor o menor medida, están ceñidos a lo que Puigdemont tenga retenido en su cabeza. Ni ERC, aun queriendo, puede solucionarle la incógnita a Sánchez.