Primera plana

La guerra sucia contra Podemos

09/04/2019

Ahora parece lejano pero no lo fue. Hubo un momento en el que la irrupción de Podemos supuso una amenaza al Estado o, en modo de Antonio Gramsci, al poder establecido y su hegemonía cultural. Coincide con las elecciones europeas de 2014 que activa las alarmas de derrumbe del bipartidismo y obliga a acelerar la abdicación del rey Juan Carlos I. Las encuestas apuntalaban el auge de Pablo Iglesias y los suyos a costa del PSOE y, por lo tanto, una de las piezas fundamentales del sistema podía deshacerse dejando solo al PP. ¿Con quién interactuar entonces? Lo que indigna es que vamos conociendo que los resortes del poder central se movieron en los ámbitos policiales y mediáticos para ir desautorizando la credibilidad de Podemos al precio que fuera y sin reparar en los instrumentos necesarios a emplear.

La brigada patriótica es similar, aunque sin matar, a los GAL en tiempos de Felipe González. De hecho, el comisario Villarejo tan vilipendiado actualmente fue de extraordinaria necesidad para los intereses del poder estando al servicio del mejor postor. Lo que ocurre es que ahora nadie sale a defenderlo y muchos miran hacia otro lado olvidando, de repente, los favores que este individuo les prestó. ¿Se cuida así la democracia? Para nada. Todo lo contrario. Una cosa son los secretos de Estado, o la razón de Estado apelando a Nicolás Maquiavelo, y otra bien diferente la podredumbre moral. El fin justifica los medios, dirán algunos, pero incluso no siempre es así pues ETA no acabó precisamente por los GAL.

«Lo que ocurre es que ahora nadie sale a defenderlo y muchos miran hacia otro lado olvidando, de repente, los favores que este individuo les prestó. ¿Se cuida así la democracia? Para nada. Todo lo contrario»

Bien mirado, episodios de estos los hay diversos. Desde el espionaje en internet para uso electoralista, la guerra comercial donde los secretos se venden o el secuestro y asesinato de dirigentes de primera línea como el de la democracia cristiana Aldo Moro en 1978 en Italia a manos de las Brigadas Rojas. El mismo año en que Moro apareció muerto en un maletero aprobábamos en España la Constitución.

La existencia de cloacas contra Iglesias no le dará votos a Podemos. Lo que invita a reflexionar si con esto, al igual que con la corrupción, la ciudadanía no castiga. Si no hay crítica, se repetirán estos ciclos en los que algún iluminado, desalmado o malhechor haga de las suyas por la salvación de la patria mientras resuelve otros asuntos particulares o se llena el bolsillo. Invocando el miedo a los populismos, la revolución de izquierdas o lo que se tercie, otros se aprovechan para hacer negocio. Que tenga un coste para lo público y el Estado de Derecho le es igual a estos personajes que todos retratamos en el comisario Villarejo pero hay otros como el torturador Antonio González Pacheco, conocido como Billy El Niño. Con Franco o sin él, no estamos libres de los abusos. La llegada de Podemos se vio como una amenaza y en vez de combatirla en las urnas se aprovecharon los resortes más sucios de los despachos oficiales.