La arista

La dependencia y los ordenadores

20/04/2018

Manuel Mederos

La arista

Básico en comunicación política. Si los datos no cuadran juega a la confusión y échale la culpa al sistema informático. Es la última doctrina del Gobierno de Canarias en todos sus estamentos. Ocurrió de nuevo ayer con los datos que Madrid publica mensualmente sobre dependencia. Según el Ministerio de Sanidad y Servicios sociales en los últimos tres meses el Gobierno de Canarias sólo ha logrado introducir en el sistema de ayudas a la dependencia a 196 personas, seguimos teniendo más de treinta mil valoraciones pendientes y diecisiete mil incorporaciones en el alero. Según el Gobierno de Canarias el programa que graba los datos de dependencia están mal, y no reflejan la realidad y son muchos más los incorporados al sistema. ¿Cuántos? 1177 incorporaciones en los últimos tres meses. Discrepancia abismal.

El esfuerzo de la directora general de Dependencia, María del Carmen Marrero, por desacreditar los datos y echar la culpa al sistema informático resultó ayer patético a lo largo de su intervención en el programa de las mañanas de la Cope que dirige Máyer Trujillo. Tan patético que en un momento trató de culpar también la avalancha de solicitudes recibidas, muchas de ellas interesadas, cuando lo que realmente no funciona es el equipo humano y técnico para la valoración de las peticiones.

Cuando el sistema funciona no existen quejas, pero cuando es deficiente basta tocar una tecla en la sociedad para que salten las clavijas. En este caso el malestar es profundo en una sociedad para la que se ha creado un derecho social y unas expectativas, que, para bien o para mal, hay que cumplir.

Frente a la política de la confusión, la única verdad es que el sistema de dependencia en Canarias no funciona, y lo que es más grave, esta administración de Coalición Canaria está poco interesada en que funcione. No lo está por ideología, porque no es un tema con el que la derecha de Coalición Canaria se sienta cómoda. A ATI, a Clavijo y a su gente, le van más las obras, los grandes contratos, a los que atribuyen la virtud de crear empleo y generar riqueza.

Al margen de la sensibilidad, el derecho a la dependencia, -introducido por Zapatero con calzador en su mejor etapa en la Presidencia del Gobierno a costa de las comunidades autónomas-, de aplicarse con todas las de la ley, haría un roto a los presupuestos. No obstante, sin llegar al extremo de dedicar todos los recursos posibles a la dependencia, este Gobierno tampoco se ha mostrado sensible, dentro de lo razonable, para incrementar las partidas más allá de lo mínimo indispensable. Delata la escasa sensibilidad de este Gobierno con los asuntos sociales los grandes planes, por supuesto de obras, que manejan, frente a los destinados a la asistencia en el sistema. De hecho, en la última negociación de Coalición Canaria con Rajoy para aprobar los Presupuestos Generales del Estado, a ninguno de sus representantes se le pasó por la cabeza pedir más dinero para estos menesteres, para las personas, y se conformaron con seis millones de euros para la lucha contra la pobreza, que me imagino que serán gastados en nuevos informes del improductivo departamento creado por el Gobierno para tal fin.

Por mucho que el Gobierno de Canarias opte por el descrédito de los datos del Ministerio de Sanidad y Servicios Sociales, datos que facilita el propio Gobierno de Canarias, la realidad supera a los número y la de la dependencia es uno de esos agujeros negros de un gobierno al que las personas sólo les interesa sin son actores secundarios, trabajadores precarios para engordar las cifras, imperceptibles consumidores de recursos mínimos para evitar problemas o votantes sumisos con los que practicar el clientelismo.

Por un motivo, o por otro, los canarios no logramos saber la verdad sobre los datos que maneja el Gobierno. Cuando se descubren algunas lagunas o incongruencias siempre se recurre a los mismos argumentos: fallan los ordenadores, los parámetros de medición han cambiado o son distintos a los de las fuentes.... Eso en el mejor de los casos porque cuando se trata de datos objetivos y medibles, como los de las listas de espera en sanidad, basta con añadir confusión, crear un galimatías, dar varias notas de prensa con datos y parámetros distintos y que el consejero de Sanidad ponga la guinda ante la impotencia de periodistas y ciudadanos que no podemos invertir nuestro tiempo en un mar de datos desordenados a propósito.