Primera plana

La crisis del pacto

15/09/2019

En el Cabildo de Gran Canaria se desarrolla la batalla de Stalingrado entre Nueva Canarias y PSOE. El pacto regional dependerá de lo que ocurra en el ámbito insular. Todos, un bando como el otro, lo saben perfectamente. Por eso las llamadas institucionales a la calma y a la templanza franciscana de los ánimos bajo palabra de boy scout, esconden o ignoran que estamos ante una crisis política que no es puntual sino estructural y que responde a la pugna de Nueva Canarias y PSOE por el mismo espacio sociopolítico en Gran Canaria. Es decir, la coexistencia pacífica dura lo que dura pero antes o después solo puede concurrir la hegemonía política de uno sobre el otro. Y esto es lo que está latente y persistirá por mucho que incomode en el Gobierno de Canarias.

«El Cabildo de Gran Canaria es la joya de la corona para Nueva Canarias»

Dicho en plata, no se puede tratar lo acontecido a modo de un cruce de reproches de patio de colegio salido de tono y que, en fin, aquí no ha pasado nada y pelillos a la mar. No es eso, ni por asomo. Que no confundan. Lo sucedido esta semana ha revelado la problemática política que existe en el actual pacto. Y, por consiguiente, las invocaciones a la equidistancia ni son neutrales ni arreglarán el dilema que subyace. ¿O es que acaso el PSOE también hará cantos a la armonía cuando proceda jurídicamente abordar el expediente de los terrenos de Amurga del que se presume su legalidad?

El Cabildo de Gran Canaria es la joya de la corona para Nueva Canarias. De hecho, resistió en mayo a la ola electoral del PSOE. Desde esa posición se explica su crecimiento gradual como organización y es la plataforma idónea para encarar la próxima cita con las urnas con todas las derivadas políticas que conlleva. Y no hay consejería que iguale ese poder político cuando encima es tan solo un departamento que, dicho en plata, sirve para calculadora en ristre hacer las cuentas al PSOE. Insisto, dejar las cosas como están beneficia al PSOE y va en contra de los intereses de Nueva Canarias. El PSOE está cómodo con dejarlo todo igual mientras Nueva Canarias está atrapada si se expone a las reglas del otro. Y es que el PSOE es un catch-all party (partido atrápalo-todo) mientras que aún Nueva Canarias está en proceso de consolidación. Si lo prefieren en términos militares, el PSOE es un ejército regular y Nueva Canarias una guerrilla que si combate a campo abierto siempre perderá a favor del PSOE. De ahí, que Nueva Canarias debe desplegar la suspicacia necesaria para no doblegarse ante el enredo del PSOE. En suma, si Nueva Canarias juega a ser el PSOE pierde Nueva Canarias y gana el PSOE. Y no hace falta ser Napoleón para percatarse de ello.

Antonio Morales debe ejercer la Presidencia con todo su contenido desde la Ciencia Política que abarca desde la auctoritas a la potestas. El Cabildo de Gran Canaria es una institución esencialmente presidencialista y, por lo tanto, el presidente no es un primus inter pares (primero entre iguales) al que pretenden sibilinamente menguar e ir arrinconando. Morales no debe, ni de lejos, desempeñar una gobernanza en compartimentos estancos. Sería su derrota y el final de Nueva Canarias.

El ataque a Morales, en realidad, compromete a Román Rodríguez porque esta crisis le obliga a retratarse y tener que priorizar entre la cantinela de la estabilidad institucional (que no es neutra y favorece al PSOE) o la defensa al precio que sea, como líder que es, del proyecto político de Nueva Canarias. Desean truncar el futuro del partido, su viabilidad. Y si hay que romper la baraja, se rompe. Está en juego la dignidad de Nueva Canarias.